Simitrio Sarabia: el viejo líder que siente pasos en la azotea

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Por Chester Hernández

Ciudad de México, 21 de mayo de 2025. – Rubén Sarabia Reyna, alias “Simitrio”, fundador y dirigente de la organización 28 de Octubre, parece haber llegado al ocaso de su reinado. Este martes, miembros de su grupo acusaron al gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, de intentar asesinar al veterano líder. No obstante, más que una amenaza real, la denuncia revela desesperación: Simitrio siente pasos en la azotea, y no precisamente del gobierno.

Durante años, la organización 28 de Octubre operó como una fachada de lucha social, pero en los hechos funcionó como un cártel con control territorial, extorsión, ocupación ilegal de mercados y vínculo con grupos criminales. Su brazo armado, conocidos como “Los de la 14”, opera dentro del Mercado Unión. Son señalados por actividades de narcomenudeo, secuestro y violaciones, y han sembrado el terror en otros mercados como el Zapata y La Fayuca.

Con la llegada de nuevas autoridades que han frenado estos privilegios, la organización ha perdido poder y, sobre todo, dinero. El coraje de Sarabia no se origina en una persecución política, sino en la pérdida de un modus vivendi que durante años generó ganancias millonarias. Su discurso combativo ya no convence. La vieja narrativa de resistencia se derrumba bajo el peso de décadas de impunidad.

Pero la pregunta que ahora flota en el ambiente es: ¿quién heredará este poder criminal? Todo apunta a que sus propios hijos —los lugartenientes de confianza dentro de la organización— están listos para tomar el control. Desde hace años, han ocupado cargos estratégicos y han asumido el manejo de mercados y cobros. Su preparación no ha sido política, sino delictiva. La sucesión en el “cártel de la 28 de Octubre” no será democrática ni transparente: será una pugna interna por mantener el control del dinero y el territorio.

Simitrio, viejo zorro de la política callejera, no teme por su vida: teme por el legado de su imperio. Uno que pasó de ser una organización social a convertirse en un negocio criminal con rostro de protesta. Y en ese ocaso, ya no hay enemigos políticos, sólo el reflejo de una ambición desmedida que hoy le cobra la factura.

Porque cuando el poder se hereda como botín, lo único seguro es la caída.

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