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Por Chester Hernández.
Mientras el presidente municipal de Cuautlancingo, Omar Muñoz, anuncia con bombo y platillo una serie de obras “en beneficio de la comunidad”, la realidad que viven día a día los habitantes del municipio dista mucho del discurso oficial. La inseguridad sigue siendo una constante, la incertidumbre crece y el temor se apodera de calles y colonias enteras. Los anuncios de obras públicas parecen más una cortina de humo que una solución efectiva a los problemas de fondo.
Uno de los temas más alarmantes es el estado de la policía municipal. De acuerdo con fuentes cercanas, la corporación no está certificada y no cuenta con el Certificado Único Policial (CUP), lo que implica que sus elementos no pueden portar armas, no están facultados para realizar detenciones y mucho menos pueden ejecutar operativos como los de alcoholímetro. De hacerlo, incurren en una grave usurpación de funciones, un delito que, por omisión o complicidad, recae directamente en la responsabilidad del presidente municipal.
Esta falta de legalidad en las funciones policiales no es un detalle menor. Implica que cualquier intervención por parte de los elementos municipales carece de sustento jurídico y pone en riesgo los derechos de los ciudadanos, además de abrir la puerta a abusos de autoridad e impunidad. El vacío legal que se vive en Cuautlancingo es tierra fértil para la delincuencia, que parece operar con más libertad que la propia policía.
Resulta preocupante que, ante estos hechos, el Ayuntamiento opte por mantenerse en el discurso del progreso y la modernidad, mientras la realidad se pudre a la vista de todos. El mensaje que se transmite es claro: las prioridades están distorsionadas y, en lugar de fortalecer las instituciones de seguridad y justicia, se elige tapar los problemas con pintura y cemento.
Es urgente que se exijan cuentas claras, que se revise la legalidad de las acciones del cuerpo policiaco y que se detengan las simulaciones. Porque en Cuautlancingo, la delincuencia no sólo se tolera: pareciera que se administra desde el poder.

