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Por Chester Hernández
El municipio de Amozoc de Mota no solo vuelve a acaparar titulares de nota roja; confirma, una vez más, que es un territorio sin ley donde el crimen organizado opera con descarada impunidad. La reciente detención de Dulce María N., alias “La Dulce”, no es un triunfo institucional, sino un accidente revelador de lo que todos en la zona ya sabían: Amozoc está tomado por las bandas del narco y las autoridades locales no solo lo permiten, sino que lo encubren.
No es la primera vez que este municipio aparece en los medios por hechos relacionados con el narcotráfico. Y tampoco será la última mientras bandas como la de “Los González” sigan operando con total libertad. Lo que agrava el caso es que, según testimonios de vecinos y fuentes locales, este grupo criminal contaría con la protección directa del actual ayuntamiento. ¿Hasta dónde llega la complicidad? ¿Quiénes dentro del gobierno municipal están beneficiándose de esta red de corrupción?
“La Dulce”, hermana de un presunto operador del narco dentro del penal de San Miguel, fue detenida casi por accidente, luego de una explosión que dejó al descubierto un narcolaboratorio. Es decir: no fue inteligencia policial, fue una fuga de gas. Si la suerte no hubiese jugado en contra del crimen, ese centro seguiría funcionando hoy mismo. ¿Cuántos laboratorios más existen ocultos en colonias populares mientras las autoridades miran hacia otro lado?
Las redes del narco han echado raíces profundas en la zona oriente de Puebla. La violencia, los enfrentamientos y el crecimiento del narcomenudeo no son síntomas aislados, sino parte de un sistema criminal tolerado desde las oficinas municipales. Los vecinos lo saben. Lo viven. Pero nadie los escucha.
El gobierno municipal debe ser investigado. No basta con detener a una mujer y lanzar comunicados triunfalistas. ¿Qué hay de “Los González”? ¿Qué hay de los policías que ignoran las denuncias vecinales? ¿Quién fiscaliza al ayuntamiento?
Amozoc no necesita más operativos mediáticos. Necesita una limpia profunda y verdadera. Mientras las autoridades sigan protegiendo a los criminales, el municipio seguirá siendo rehén del narco. Y cada explosión, cada asesinato, cada detención tardía será solo una prueba más del Estado fallido en el que se ha convertido esta parte de Puebla.

