![]()
Por Chester Hernández
En un acto que raya en el descaro, el ex presidente municipal de San Pedro Cholula, Alejandro Oaxaca, ha reaparecido en la escena pública con duras críticas hacia la actual administración de Tonanzin Fernández, señalando supuestas irregularidades, aviadores y facturación inflada. Pero, ¿con qué calidad moral puede hablar quien, durante su mandato, dejó un legado de opacidad, favoritismo y corrupción?
Alejandro Oaxaca, hoy regidor y férreo opositor, parece haber olvidado su propio historial plagado de señalamientos. Basta con revisar los expedientes de su administración para confirmar que fue sancionado por el mal manejo de recursos públicos. Su gestión fue marcada por el otorgamiento sistemático de obras públicas a amigos y allegados, prácticas que ahora finge desconocer mientras posa como justiciero de la administración actual.
La exalcaldesa Paola Angon no dudó en recordarle su pasado turbio, acusándolo incluso de intentar desestabilizar su gobierno en su momento. Y es que Oaxaca, lejos de aportar algo significativo durante su periodo al frente del municipio, se dedicó a beneficiar a su círculo cercano, dejando un San Pedro Cholula estancado y con más preguntas que respuestas.
Resulta preocupante que personajes como él sigan teniendo voz en el cabildo, no por su capacidad o experiencia, sino por su persistencia en aferrarse al poder. Su crítica constante no parece estar motivada por un interés genuino en el bienestar del municipio, sino por su evidente deseo de seguir viviendo del erario público, sin rendir cuentas ni asumir responsabilidad alguna.
Hoy, el pueblo de San Pedro Cholula merece un debate serio, transparente y con altura. Pero mientras políticos como Alejandro Oaxaca continúen actuando sin un mínimo de autocrítica, la desconfianza ciudadana seguirá creciendo. La memoria colectiva no debe ser tan frágil como para olvidar quiénes fueron los que, en vez de servir, se sirvieron del poder.