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La prohibición de centros nocturnos y bares en Tlaxcala parece más una política de sanción a las mujeres víctimas de trata que a los explotadores sexuales, ya que estos vuelven a abrir esos negocios en otros lugares, mientras ellas han tenido que salir a la Vía Corta, donde ha incrementado su presencia a partir de esta nueva medida, señaló la investigadora Ixchel Yglesias González Báez.
En el foro “La trata de mujeres en Tlaxcala a 25 años de la creación del Protocolo de Palermo: avances y retos”, organizado por el Centro Fray Julián Garcés, la también antropóloga y feminista reflexionó en torno a por qué no ha disminuido esta problemática en la entidad.
Ante la concurrencia reunida en la Jornada Pendientes y Retos de la Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual, a propósito del Día Mundial contra la Trata, preguntó: “¿Qué vamos a hacer para realmente atender la trata?”
Señaló que en meses pasados las autoridades dieron a conocer, a través de los medios de comunicación, que se prohibieron los centros nocturnos en el estado, es decir, de aquellos espacios donde se ejerce la prostitución.
Aunque denunció que a pesar de esta determinación legal, “si se pasaba por ahí (por esos establecimientos) a las dos, tres de la mañana, estaban abiertos, no de puertas, pero había alguien con una lucecita diciéndote que pasaras porque el bar seguía funcionando”.
Recordó el caso de un negocio de este tipo “muy famoso”, llamado “Bora Bora”, el cual se ubicaba en el municipio de San Pablo del Monte (en la región sur), pero destacó que la semana pasada se cambió a la periferia de Puebla, donde ya se encuentra en operaciones.
“Estas políticas de prohibir estos centros de explotación sexual sin realmente atender lo que está en el centro, que es la seguridad, la vida y la dignidad de las mujeres, lo único que hacen es precarizar y vulnerarlas más”, resaltó la también experta en peritajes de casos de trata.
Agregó que después de implementada esta medida restrictiva, incrementó la cantidad de mujeres en condición de prostitución en la Vía Corta Santa Ana–Puebla, que de por sí cada vez aumenta más, “porque pasaron del centro de explotación sexual cerrado a otro espacio prostitucional, además de que es uno de los más violentos”.
Dijo que en los trabajos que ha realizado en esta materia con víctimas de este delito, las carreteras son las que representan más riesgo para ellas y son el sitio “donde más mujeres son asesinadas al subir a los coches de los prostituyentes”.
Con este panorama, remarcó que el prohibir esos negocios y “no hacer nada en contra de los explotadores”, ni a favor de las mujeres, solamente es cerrar un mercado y abrir otro comercio donde “se cambia el producto de lugar”.
Consideró que este tipo de políticas públicas “parece más que son de limpieza social y eso es muy grave”, como cuando en una visita de un papa a la Ciudad de México se ocultaron a las personas en situación de calle, por lo que “es algo así que han hecho en zonas de prostitución”, así ocurrió en La Merced (también en la capital del país), para que las mujeres en esa condición no fueran vistas por turistas porque lo importante era la imagen.
La especialista del Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social expresó que esto de tratar de esconder una problemática, también “está pasando aquí en Tlaxcala” y que estas políticas “tienen una connotación de regímenes facistas”.