Vandalismo disfrazado de protesta: el daño irreparable al patrimonio poblano

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Por Chester Hernández

Puebla, Pue. — Lo que inició como una marcha conmemorativa por el Día de los Desaparecidos derivó en una jornada de violencia y destrucción encabezada por el llamado «bloque negro» y un grupo autodenominado «Las Morras Somorras». Lejos de honrar la memoria de las víctimas, estos grupos optaron por convertir el centro histórico de Puebla en un escenario de caos, dejando a su paso daños materiales, indignación ciudadana y una profunda herida al patrimonio cultural.

Uno de los actos más lamentables fue la vandalización de la emblemática Fuente de San Miguel, ubicada en el corazón de la capital poblana. Esta fuente no es sólo una obra arquitectónica; representa siglos de historia y es un símbolo arraigado en la identidad de los poblanos. Su destrucción no puede entenderse como un acto de protesta legítima, sino como un atentado directo a la memoria colectiva y al patrimonio que nos pertenece a todos.

Además de la fuente, varios paraderos de transporte público fueron destruidos, afectando a miles de ciudadanos que diariamente utilizan estos espacios. Ante la magnitud de los hechos, la Policía Municipal intervino y logró detener a varias de las responsables, cuya actitud no refleja una causa social sino un afán de generar caos y confrontación.

Puebla es una ciudad con historia, con lucha y con memoria. Pero ninguna bandera, por legítima que sea, justifica la destrucción de sus símbolos ni la agresión al espacio público. La sociedad no puede permanecer indiferente ante estos actos. Es momento de alzar la voz, no sólo contra la injusticia que viven los desaparecidos, sino también contra quienes, bajo la sombra de una causa noble, se escudan para delinquir.

El Estado de Derecho no puede claudicar. Es imperativo que se aplique todo el peso de la ley a quienes atentan contra el patrimonio histórico y cultural de nuestra ciudad. La indignación social debe canalizarse con firmeza, pero sin violencia. La justicia no se construye con piedras ni con pintura, sino con acciones responsables y respetuosas del bien común.

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