San Andrés Cholula: El uso del poder como si fuera botín

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Por Chéster Hernández

En San Andrés Cholula, donde la presidenta municipal es Guadalupe Cuautle, los hechos recientes vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién vigila el uso de los recursos públicos y para qué se están utilizando realmente?
Rubén Cuatzo, originario de San Antonio Cacalotepec, fue ubicado en el motel Mirasol, en la zona rumbo al Parque Ecológico. Hasta aquí, podría tratarse de un asunto privado. Sin embargo, el problema estalla cuando se confirma un detalle imposible de ignorar: llegó en un vehículo oficial del ayuntamiento, con número económico 170.
Es decir, una unidad pagada con el dinero de todos los ciudadanos, destinada —en teoría— a labores institucionales, terminó estacionada en un motel. No en una oficina pública. No en una jornada de trabajo comunitario. No atendiendo una emergencia. En un motel.
Las preguntas surgen solas y no son menores:
¿Desde cuándo los moteles funcionan como oficinas alternas del Ayuntamiento?
¿Para eso se utilizan los vehículos oficiales, la gasolina y el mantenimiento que salen del erario?
¿Quién autorizó el uso de esa unidad y con qué justificación?
Rubén Cuatzo no es originario de la zona donde fue ubicado, no tiene una relación conocida con la comunidad ni un cargo público que explique el uso del vehículo. Aun así, los recursos públicos se emplean con una ligereza que raya en el descaro, como si fueran propiedad privada y no bienes del pueblo.
Mientras estas escenas ocurren, la realidad en colonias como Gobernadores es completamente distinta: calles en mal estado, falta de seguridad, alumbrado público deficiente o inexistente, parques abandonados y banquitas cubiertas de maleza que evidencian el abandono institucional.
No hay patrullas suficientes, no hay mantenimiento constante, no hay respuesta eficaz a las demandas vecinales. Pero sí hay vehículos oficiales disponibles para usos que nada tienen que ver con el bienestar colectivo.
Este contraste es el que indigna. No se trata solo de un vehículo o de una ubicación incómoda; se trata de una forma de gobernar, de una normalización del abuso y del mensaje implícito de que el poder sirve para servirse.
Luego no se pregunten por qué la gente ya no cree nada.
La respuesta es simple: el cinismo ya ni siquiera se esfuerza por esconderse.

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