Tirador serial en la Vía Atlixcáyotl: una cadena de balas, omisiones y silencio oficial

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Por Chéster Hernández 

Desde hace años, la violencia en la Vía Atlixcáyotl ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un patrón alarmante que las autoridades no han sabido —o no han querido— detener. Lo que inició como reportes esporádicos de impactos de bala en vehículos hoy configura una secuencia de ataques con armas de fuego que apunta a un agresor persistente, posiblemente ubicado en algún edificio de la zona, operando con total impunidad.
Los antecedentes son contundentes. El 20 de enero de 2022, una mujer perdió la vida a causa de una bala perdida. Lejos de tratarse de un hecho aislado, el 3 de agosto de 2023 un hombre resultó herido mientras trabajaba en lo alto de una grúa; ese mismo día, otro ciudadano murió tras ser alcanzado por un disparo frente al CIS. Apenas cuatro días después, el 7 de agosto de 2023, dos personas más resultaron lesionadas por proyectiles perdidos.
La violencia continuó escalando. El 20 de noviembre de 2023, una persona que se encontraba laborando en la zona murió por una bala perdida. Cuatro días más tarde, el 24 de noviembre, un chofer de la ruta Azteca —unidad 45— fue asesinado en circunstancias similares. A pesar de la gravedad y recurrencia de los hechos, no hubo detenciones ni resultados claros en las investigaciones.
Lejos de disminuir, los ataques persisten. El 12 de febrero de 2026, varios automóviles fueron baleados desde un punto no identificado. Y apenas ayer, un joven que circulaba por la zona vio su vehículo impactado por otra bala perdida. Los reportes ciudadanos se acumulan, pero la respuesta institucional sigue siendo insuficiente, fragmentada y, en muchos casos, inexistente.
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante un tirador serial operando en plena zona urbana? La hipótesis no es descabellada. La repetición de los hechos, la aparente ubicación elevada del agresor y la selección indiscriminada de blancos sugieren un patrón que debería haber activado protocolos de investigación mucho más rigurosos desde hace tiempo.
Resulta inadmisible que, tras múltiples muertes y heridos, las autoridades no hayan logrado identificar al responsable ni garantizar la seguridad en una de las vialidades más transitadas de la zona metropolitana. La falta de resultados evidencia fallas graves en inteligencia, coordinación y prevención del delito.
Hoy, la Vía Atlixcáyotl no solo es una arteria clave para la movilidad, sino también un símbolo de la impunidad. Cada disparo que impacta un vehículo o arrebata una vida es, además, un recordatorio del vacío de autoridad que prevalece. Urge una investigación seria, transparente y efectiva. La ciudadanía no puede seguir siendo blanco de un agresor invisible mientras las instituciones permanecen inmóviles.

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