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Por Chéster Hernández.
Puebla, Pue.— Este 5 de mayo se conmemora un aniversario más de la histórica Batalla de Puebla de 1862, un episodio que marcó la defensa de la soberanía nacional y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en símbolo de resistencia y orgullo para México. Aquel día, el Ejército de Oriente, encabezado por el general Ignacio Zaragoza, logró una victoria inesperada frente a las fuerzas francesas, consideradas entonces entre las más poderosas del mundo.
La gesta fue celebrada como un triunfo de la voluntad y la estrategia sobre la adversidad. Sin embargo, más de siglo y medio después, la conmemoración ocurre en un contexto distinto, en el que las preocupaciones nacionales ya no giran en torno a invasiones extranjeras, sino a problemas internos que persisten y se profundizan.
Hoy, la evocación de aquella victoria histórica contrasta con una realidad marcada por la inseguridad, la violencia y la incertidumbre social. Lejos de requerir más confrontación, la ciudadanía demanda paz en las calles, condiciones de seguridad efectivas y una estabilidad que permita el desarrollo cotidiano sin temor.
En este México contemporáneo, la batalla contra la inseguridad continúa sin resultados concluyentes. Las armas, lejos de haber quedado como símbolos de gloria nacional, siguen presentes en manos de grupos que operan al margen de la ley. La ambición y la falta de empatía de quienes perpetúan la violencia han generado un entorno donde el dolor social se vuelve cotidiano.
En Puebla, escenario de la histórica victoria de 1862, el panorama actual refleja tensiones políticas y sociales que distan del espíritu de unidad que caracterizó aquella defensa. Hoy no se enfrenta a ejércitos extranjeros, pero sí a divisiones internas, conflictos de intereses y posturas encontradas que dificultan la construcción de consensos en favor del progreso.
La figura de Ignacio Zaragoza y el triunfo del Ejército de Oriente permanecen como referentes de liderazgo, disciplina y compromiso con la nación. No obstante, la conmemoración de este aniversario invita también a una reflexión crítica: ¿qué significa hoy defender a la patria? Para muchos, la respuesta ya no está en el campo de batalla, sino en la capacidad del Estado para garantizar seguridad, justicia y bienestar.
A 163 años de la Batalla de Puebla, el país enfrenta un reto distinto pero igualmente decisivo. La historia recuerda que la unidad y la determinación fueron clave para vencer en 1862. En el presente, esos mismos valores parecen necesarios para afrontar una lucha interna que aún no encuentra solución definitiva.
La celebración persiste, pero el llamado social es claro: más que recordar las glorias del pasado, urge construir condiciones que permitan a la población vivir con tranquilidad en el presente.