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En un giro radical hacia la confrontación directa, la nueva directora de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas (ONDCP), Sara A. Carter, ha enviado un mensaje contundente a las organizaciones criminales: la era de la contención ha terminado.
A través de la nueva Estrategia Nacional para el Control de Drogas, Carter advirtió que el gobierno de los Estados Unidos empleará todo su poder para “cazar” a los cárteles en sus propios refugios.
La estrategia presentada por Carter se define como una “orden de batalla” diseñada para quebrar la columna vertebral de las Organizaciones Criminales Transnacionales, especialmente aquellas clasificadas como Organizaciones Terroristas Extranjeras.
Según el documento, la misión es clara: desmantelar laboratorios, incautar activos y cortar líneas de suministro de manera implacable.
“La era de la contención ha fracasado”, afirmó Carter en su carta de presentación, subrayando que el objetivo final bajo la administración del presidente Donald Trump no es administrar la crisis, sino alcanzar la victoria total.
Para Carter, esta lucha no es solo una cuestión de política pública, sino una misión profundamente personal. La directora relató cómo su propia historia familiar —hija de un Infante de Marina y de una inmigrante cubana— y su experiencia rastreando líneas de suministro en territorios controlados por cárteles, donde se financiaron los ataques que casi le cuestan la vida a su esposo veterano, han forjado su determinación.
Además de la ofensiva en el extranjero, la estrategia contempla un segundo frente crítico dentro de las fronteras estadounidenses. Carter destacó la necesidad de erradicar la demanda de drogas mediante la construcción de una “cultura de resiliencia”.
El plan busca empoderar a familias, educadores y líderes religiosos para proteger a los jóvenes, garantizando al mismo tiempo acceso a tratamientos efectivos y apoyo para la recuperación de quienes luchan contra la adicción.
Carter enfatizó que el “veneno” distribuido por estos imperios criminales no distingue posturas políticas, por lo que la respuesta del país debe ser una “misión estadounidense” unida y no un tema partidista.
La Estrategia Nacional se presenta, ante todo, como una promesa solemne a las miles de familias estadounidenses que han perdido a seres queridos debido al flagelo de las drogas. Con esta nueva postura, el mensaje para los responsables del tráfico de sustancias es inequívoco: el gobierno estadounidense ha pasado de la vigilancia a la ofensiva total