![]()
Por Chéster Hernández
El mensaje dentro del Partido del Trabajo en Puebla ya fue dado y no deja espacio para interpretaciones: primero la familia, después la militancia. La senadora Liz Sánchez ha dejado claro cuál será la ruta política de su grupo al impulsar a sus propios familiares a posiciones estratégicas dentro del estado, desafiando abiertamente el discurso nacional contra el nepotismo promovido por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La reciente designación de Karen Sánchez como coordinadora del PT en San Martín Texmelucan encendió las críticas dentro y fuera del partido. Aunque la legisladora intenta justificar estas decisiones bajo el argumento de que “sus familiares también tienen derecho a aspirar a cargos públicos si la ciudadanía los respalda”, para muchos militantes el mensaje es contundente: el partido se está convirtiendo en un proyecto familiar antes que en una organización política abierta a la base trabajadora.
La contradicción resulta evidente. Mientras desde el gobierno federal se insiste en terminar con las viejas prácticas de privilegios, compadrazgos y herencias políticas, en Puebla el PT parece caminar en sentido contrario. La promoción de hermanos y allegados no sólo representa un desafío directo a la línea política impulsada por Sheinbaum, sino también un golpe a cientos de militantes que durante años han trabajado en territorio esperando oportunidades reales de participación.
En el interior del partido crece el descontento entre quienes consideran que las coordinaciones y candidaturas comienzan a repartirse entre un pequeño círculo cercano al poder. Militantes inconformes acusan que las decisiones ya no responden al trabajo político ni a la representación social, sino a los intereses de un grupo que busca mantenerse y fortalecerse mediante el control familiar de las estructuras.
La postura de Liz Sánchez también revive uno de los mayores reclamos ciudadanos hacia la clase política mexicana: el nepotismo disfrazado de “derecho democrático”. Porque aunque legalmente cualquier familiar pueda competir por un cargo, éticamente resulta cuestionable utilizar posiciones de poder para abrirle camino a hermanos, parientes o personas cercanas mientras se desplaza a perfiles con trayectoria propia.
El riesgo para el PT en Puebla es claro. Si el partido que históricamente se presentó como una opción cercana al pueblo termina reproduciendo las mismas prácticas que durante años criticó, podría enfrentar un severo desgaste político y perder credibilidad ante una ciudadanía cada vez más cansada de los privilegios y las dinastías partidistas.
Hoy la polémica ya no gira únicamente alrededor de un nombramiento. Lo que está en juego es la congruencia política de un movimiento que prometió transformación, pero que en los hechos comienza a parecerse demasiado a aquello que decía combatir.
