Despiden a «El Wero” y “Tomasita”, los guardianes de Chichén Itzá

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En los senderos de la zona arqueológica de Chichén Itzá, entre templos milenarios y piedras que guardan la memoria de los mayas, dos figuras se convirtieron en parte inseparable del paisaje: los perritos “El Wero” y “Tomasita”.

Durante la pandemia, cuando el sitio permanecía vacío y silencioso, ellos acompañaban a custodios y trabajadores, ofreciendo compañía en días de incertidumbre. “El Wero”, inquieto y curioso, solía recorrer los templos como si vigilara cada rincón; mientras que “Tomasita”, más tranquila, descansaba cerca de las placas informativas, observando discretamente a quienes pasaban.

Su presencia se volvió símbolo de resiliencia y esperanza. Los custodios los alimentaban con pan, huesos y café, creando un vínculo entrañable. Una imagen que quedó en la memoria fue la de “El Wero” recostado en la cima del Templo de Kukulkán, mirando el horizonte como un guardián silencioso de la historia.

Hace unos días, tras complicaciones de salud y la edad, ambos fueron despedidos de manera humanitaria. Su partida generó nostalgia y mensajes de cariño en redes sociales, donde se les recordó como los guardianes de Chichén Itzá.

Hoy, la historia de “El Wero” y “Tomasita” no sólo habla de dos perros comunitarios, sino de la conexión profunda entre humanos y animales en tiempos difíciles. Su legado permanece en cada piedra de la ciudad maya, recordándonos que incluso en los momentos más duros, la compañía y la lealtad pueden convertirse en luz.

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