En CNI tiempos de Francisco Almazán Barocio

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Así lo dice La Mont

Reestructuración: La transformación del aparato de inteligencia civil en México descubrió  su eje rector en una nueva colaboración    entre las fuerzas policiales y  armadas. La coordinación entre Francisco Almazán Barocio, director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Sección Tercera del Estado Mayor Conjunto de la Defensa Nacional (Sedena) responsable de las operaciones en terreno en tiempo real representa un cambio de paradigma en la seguridad del Estado. A distancia  de la  desconfianza mutua que imperó en la era del antiguo Cisen, la dinámica actual opera bajo un esquema de fusión táctica. El CNI de Almazán Barocio, actúa como el gran procesador de información criminal e inteligencia estratégica, alimentando de manera directa las células operativas militares. Esta vinculación  en tiempo real permite que la alerta  temprana  generada por la estructura civil se traduzca  en  intervenciones quirúrgicas de la Sedena y la Guardia Nacional, logrando desactivar amenazas de alto impacto antes de que se consoliden en el terreno, mediante canales de comunicación encriptados y mesas de trabajo conjuntas permanentes que operan las veinticuatro horas del día.

Objetivo: La dirección general del CNI obedece a un perfil técnico y policial de carrera, forjado en áreas críticas de investigación y procuración de justicia. Con experiencia previa como jefe de la Policía de Investigación de la Ciudad de México y un historial relevante en la Policía Federal e Interpol México, su nombramiento consolidó el retorno del mando civil y la especialización de la criminología a la cúpula de la inteligencia nacional. Su gestión al frente del CNI se caracteriza  por resultados tangibles orientados al fortalecimiento operativo y la tecnificación. Entre los más destacados  resalta el incremento del estado de fuerza del organismo en un treinta por ciento mediante la incorporación de más de mil nuevos agentes especializados. Asimismo, la capacidad de antelación  criminal se traduce en la emisión de miles de tarjetas de alerta prioritaria dirigidas al gabinete de seguridad, incidiendo de forma directa en el debilitamiento de las estructuras de la delincuencia organizada y colaborando de manera decisiva en la histórica tendencia a la baja en los delitos de alto impacto a nivel nacional. Dentro de la estructura gubernamental, la percepción y el área de influencia de Almazán Barocio están  ligadas al diseño de la estrategia de seguridad pública federal. Al fungir históricamente como una de las piezas operativas de mayor confianza del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, la relación del director del CNI con su superior de la SSPC se basa en un esquema de comunicación fluida, técnica y alejada  de la  burocracia política. El flujo de información hacia García Harfuch se realiza mediante informes ejecutivos diarios de carácter predictivo, análisis de riesgos regionales y mapeos delictivos de alta precisión que nutren las decisiones del gabinete de seguridad. La influencia de Almazán Barocio se extiende notablemente a través de la red de Centros Nacionales de Fusión de Inteligencia, posicionando al CNI ya no como un organismo aislado dedicado al espionaje político del pasado, sino como el nodo central del Sistema Nacional de Investigación e Inteligencia, lo que le confiere una autoridad técnica indiscutible ante gobernadores, fiscales estatales y mandos militares.

Diagnóstico: El panorama del CNI marca un  contraste frente a la gestión de su antecesor, el general de división en retiro Audomaro Martínez Zapata cuya  administración apostó por una estructura centralizada bajo un control de corte castrense y con procesos de análisis de carácter doctrinal y preventivo a largo plazo mientras la gestión de Almazán Barocio viró  hacia  la inteligencia policial predictiva y el uso intensivo de tecnologías de la información aplicadas al combate al crimen. El principal cambio radica en la velocidad y el destino de la inteligencia generada: bajo la dirección previa, el flujo informativo respondía a dinámicas tradicionales de seguridad nacional con ritmos institucionales más pausados, mientras que la dirección actual prioriza la seguridad pública inmediata, dotando al CNI de un dinamismo enfocado en judicializar casos, desarticular bandas criminales y proveer de insumos prácticos y medibles a los ministerios públicos y las fuerzas operativas en el terreno.                

Negativos: Los principales desaciertos que marcaron la gestión del general Audomaro Martínez se concentraron en el progresivo aislamiento institucional del organismo y una notable rigidez operativa que dificultó la respuesta ágil ante la rápida evolución de las tácticas del crimen organizado. Almazán Barocio recibió una estafeta caracterizada por un rezago tecnológico relativo frente a las nuevas modalidades de la delincuencia cibernética y una estructura interna resentida por la falta de renovación de cuadros especializados. La narrativa principal bajo la cual el nuevo director conduce el organismo rompe con la vieja herencia de opacidad e inmovilismo; su discurso  se centra en la consolidación de una apertura de inteligencia civil, regida estrictamente por los principios de legalidad, eficiencia tecnológica y complementariedad con las fuerzas armadas, proyectando al CNI como la piedra angular de la pacificación del país a través de la ciencia policial y la investigación criminal de vanguardia.

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