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Por Chéster Hernández
En la sesión extraordinaria del Congreso del Estado de Puebla, nuevamente se evidenció una ausencia preocupante de legisladores en el cumplimiento de sus funciones. Mientras el pleno debía atender asuntos de relevancia pública, varias curules quedaron vacías, reforzando una percepción que crece entre la ciudadanía: la desatención del trabajo legislativo en favor de agendas personales o políticas.
Entre las y los diputados ausentes se encuentran Ana Laura Gómez Ramírez, Ana Lilia Tepole Armenta, Elpidio Díaz Escobar, Elvia Graciela Palomares Ramírez, Esther Martínez Romano, Katia Sánchez Rodríguez y Leonela Jazmín Martínez Ayala, quienes no cumplieron con su presencia en la sesión extraordinaria.
Señores diputados: su responsabilidad todavía no termina. El cargo que ostentan exige atención plena hasta el último día del periodo para el que fueron electos. Sin embargo, la ciudadanía observa con preocupación cómo algunos representantes parecen más enfocados en construir capital político para futuras contiendas que en cumplir con el mandato actual.
Buscar el voto popular para una elección federal o cualquier otra aspiración política es legítimo en términos democráticos, pero no puede ni debe hacerse a costa del trabajo para el que fueron electos. Cuando la atención se desplaza del Congreso hacia la campaña anticipada —formal o informal—, lo que se debilita no es solo la presencia física en el pleno, sino la calidad de la representación.
El Congreso no es una plataforma de proyección personal, sino un espacio de deliberación y decisión pública. Cada ausencia injustificada en sesiones de trabajo envía un mensaje equivocado a la ciudadanía: que el encargo puede ser parcial, intermitente o subordinado a intereses ajenos a la función legislativa.
La representación popular implica continuidad, no pausas estratégicas. Quien ocupa una curul no puede ejercer el cargo a medias ni dividir su atención entre la responsabilidad institucional y la construcción de futuras candidaturas, mientras el trabajo legislativo queda en segundo plano.
La exigencia ciudadana es clara: el mandato no termina hasta que concluye el periodo para el que fueron electos. Y hasta ese último día, la obligación es la misma: asistir, legislar y rendir cuentas.
