Las entrañas del poder: La hora de la verdad para CFE y PEMEX

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Por Olegario Roldan

 

Se puede decir que no hay países subdesarrollados sino mal gestionados

Peter Ferdinand Drucker

 

¿Dónde quedó el dinero?

 

Morena contra Morena

 

Durante años se repitió el discurso de que las empresas productivas del Estado eran fortalezas estratégicas, ejemplos de soberanía y motores del desarrollo nacional. Sin embargo, la realidad parece empeñada en arruinar la narrativa oficial.

 

Hoy circulan denuncias de trabajadores de confianza de la CFE que aseguran estar siendo presionados para aceptar nuevos contratos con menos prestaciones y menores percepciones.

 

De confirmarse, sería una señal inequívoca de que la austeridad ya no alcanza para maquillarse como eficiencia administrativa y ha comenzado a convertirse en recorte directo al bolsillo de quienes sostienen la operación diaria de la empresa.

 

Lo paradójico es que durante años se vendió la idea de que CFE y PEMEX estaban siendo rescatadas. Se inyectaron miles de millones de pesos de recursos públicos, se modificaron leyes, se limitaron espacios de competencia y se concentró poder en nombre de la recuperación nacional.

 

Pero, al parecer, después de tanto «rescate», los rescatados siguen necesitando respiración artificial.

 

Si los rumores sobre reducciones salariales y eliminación de prestaciones resultan ciertos, la pregunta es inevitable: ¿dónde quedó todo el dinero? Porque cada año se anuncian apoyos históricos para PEMEX, transferencias multimillonarias, refinadoras que prometen cambiar el destino del país y proyectos energéticos presentados como soluciones definitivas. Sin embargo, los problemas financieros persisten con una terquedad que ni la propaganda oficial ha podido eliminar.

 

Y esto apenas podría ser el comienzo. Cuando una administración empieza a buscar ahorros entre trabajadores activos, generalmente no es porque las finanzas estén pasando por su mejor momento. Es la etapa en la que las cifras dejan de ser discursos y comienzan a convertirse en decisiones incómodas.

 

Mientras tanto, PEMEX continúa acumulando presiones financieras, el IMSS enfrenta desafíos crecientes por la demanda de servicios y el ISSSTE arrastra problemas estructurales conocidos desde hace años. El gobierno insiste en que todo está bajo control. Los ciudadanos, en cambio, observan cómo cada vez más instituciones parecen depender de optimismo presupuestal para mantenerse a flote.

 

Quizá la verdadera transformación no era energética ni administrativa. Quizá consistía en descubrir que se puede declarar éxito financiero mientras se reducen prestaciones, se renegocian contratos y se pide paciencia a quienes trabajan dentro del sistema.

 

Porque cuando el ajuste llega hasta los empleados de confianza, ya no estamos hablando de ideología. Estamos hablando de caja.

 

El desgaste guinda

 

Resulta curioso que una de las advertencias más severas sobre el futuro de Morena no venga de la oposición, sino de uno de sus propios fundadores. Alejandro Carvajal reconoce lo que durante años fue considerado tema prohibido: los riesgos que representan los presuntos vínculos de actores políticos con el crimen organizado y el creciente desgaste del partido en las zonas urbanas.

En Puebla capital, donde la alternancia suele ser la regla y no la excepción, Morena enfrenta un problema más serio que sus adversarios: el desencanto ciudadano. Porque gobernar es mucho más difícil que hacer campaña, y las promesas tienen la mala costumbre de convertirse en facturas electorales.

Después de años de triunfalismo y de atribuir todas las culpas al pasado, parece que algunos morenistas comienzan a descubrir una verdad incómoda: cuando los resultados no acompañan al discurso, hasta la hegemonía más presumida puede volverse vulnerable.

@OlegarioRoldan

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