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Así lo Dice Puebla

Un Mayo en la sierra

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Así lo dice La Mont

Origen: El arresto de Ismael «El Mayo» Zambada García marcó el fin de una era en el narcotráfico global, pero abrió una caja de Pandora sobre la complicidad estructural que permitió su hegemonía durante más de medio siglo. A diferencia de otros capos cuya fama se cimentó en la violencia y hasta una montada estrategia mediática , Zambada García construyó su poder sobre los pilares de la discreción, la negociación y, fundamentalmente, un pragmatismo político que no conoció de ideologías ni de colores partidistas. Su figura representa el eslabón más puro entre el crimen organizado y las estructuras formales del Estado mexicano, una relación simbiótica que desafía la narrativa oficial de combate a la delincuencia. Los vínculos del Mayo con nuestra  clase política fueron transversales, operando bajo una lógica de supervivencia mutua que presumiblemente salpicó por igual a los  partidos Acción Nacional,  Revolucionario Institucional y, recientemente, al partido Morena. Durante las décadas de hegemonía priista, el esquema de protección se gestionaba a través de un sistema centralizado que permitía la operación a cambio de orden y tributo. Con la transición democrática y la llegada del PAN a la presidencia, los canales de comunicación lejos de romperse se adaptaron a un nuevo federalismo donde los gobernadores locales adquirieron un poder feudal. En la era contemporánea, bajo el Gobierno de Morena, los señalamientos de pacificación selectiva y las controvertidas reuniones o vínculos de figuras de alto nivel en Sinaloa demostraron que el capo entendía que los gobiernos pasan, pero el territorio permanece. Para Mayo, el financiamiento a la política no era un acto de simpatía partidaria, sino una inversión de negocios de alto rendimiento.

Estrategia: A lo largo de su trayectoria, se calcula que la organización que lideraba intervino de forma directa o indirecta en decenas de campañas políticas, influyendo en los procesos de al menos seis gobernadores de Sinaloa y estados colindantes, así como en incontables elecciones de alcaldes y presidentes municipales, planteles universitarios públicos y privados con REVOE incluido en puntos estratégicos para el trasiego de drogas. Este patrocinio se traducía en la !Bendición Zambada ! para la  designación de secretarios de seguridad pública locales y directores de policías municipales que actuaban como su brazo armado legal. La protección que mantuvo a Zambada oculto y a salvo durante más de cincuenta años no provino únicamente de un anillo de seguridad privado, sino de una red institucional compuesta por mandos militares, agentes federales y autoridades locales que le alertaban sobre cualquier operativo inminente. El epicentro de este refugio fortificado se ubicó en la intrincada geografía de la Sierra Madre Occidental, específicamente en el triángulo dorado y en las zonas serranas de los municipios de Culiacán, Cosalá y Badiraguato, en Sinaloa. En comunidades como El Salado o la ranchería de Álamo, el capo no solo se escondía, sino que ejercía como un gobernador de facto, proveyendo servicios, empleo y justicia comunitaria, lo que le garantizaba la lealtad absoluta y el silencio de los pobladores que lo veían como su benefactor. Su ascenso  a la cúspide del crimen organizado se consolidó a finales de la década de 1980 y principios de los años 90, tras la fragmentación del Cartel de Guadalajara provocada por la captura de Miguel Ángel Félix Gallardo. Mientras otros herederos de esa federación optaron por guerras frontales, el Mayo se alió estratégicamente con Joaquín «El Chapo» Guzmán y Juan José Esparragoza, «El Azul», fundando las bases del Cartel de Sinaloa. Su liderazgo se caracterizó por una visión empresarial y una notable capacidad para la mediación al ubicarse  como el fiel de la balanza  del bajo mundo criminal incluso cuando sus socios eran capturados o abatidos. Sin embargo, con el paso del tiempo logró lo que las agencias de inteligencia no pudieron durante décadas: mermar su capacidad física. A sus 75 años, Zambada padece una diabetes avanzada que  derivó   problemas severos en las rodillas que limitan drásticamente su movilidad, además de un cuadro de salud general que requiere monitoreo médico especializado y constante.

Desenlace: Esta precaria condición de salud es el argumento principal que sus abogados defensores  esgrimen  ante las cortes estadounidenses para solicitar un trato diferenciado y un cambio de prisión que lo aleje del severo régimen de aislamiento que sufre su antiguo socio, Joaquín Guzmán Loera. «El Chapo» se encuentra confinado de por vida en la prisión de máxima seguridad ADX Florence, ubicada en Colorado, un complejo diseñado para el aislamiento total donde los internos pasan 23 horas al día en celdas de concreto de apenas siete por doce pies, sin contacto humano real y con luz artificial permanente. El Chapo ocupa una de las celdas del bloque H, el sector de mayor seguridad dentro del penal, bajo condiciones extremas destinadas a quebrar la voluntad de los reos más peligrosos del mundo. La defensa del Mayo argumenta que mantener a un hombre de su edad y con sus padecimientos crónicos en un entorno de confinamiento tan estricto que equivaldría a una sentencia de muerte anticipada, buscando en su lugar una instalación penitenciaria con infraestructura médica adecuada que pueda gestionar sus crisis de salud, lejos de la tumba de concreto en Colorado donde expía sus culpas su viejo compañero de armas.

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