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Por marco de Núñez
Ante la incapacidad de las autoridades estatales y municipales, Tehuacán se ha convertido en tierra del crimen organizado, los muertos hasta el día de hoy son 10, tan sólo en este municipio perteneciente al estado de Puebla.
El décimo cuerpo apareció este viernes, se trata de un hombre con características similares a los ejecutados de los últimos días.
Vecinos de la zona encontraron en el túnel de la colonia 18 de marzo el cuerpo sin vida, de un hombre el cual tenía huellas de tortura, por lo que solicitaron la presencia de las autoridades, quienes realizaron el levantamiento de cadáver, así como la investigación de su muerte.
Lo cierto es que los tehuacaneros hoy viven con temor ante la ola de inseguridad e impunidad con la que estos grupos operan en la demarcación, para nadie es raro ver gente con armas de grueso calibre en las bateas de las camionetas, ver circular autos blindados, así como escuchar balaceras a todas horas en este municipio y alrededores.
La autoridad quiere exterminar este mal que llego para quedarse con discursos descontinuados, sacados de los cajones del viejo PRI, olvidándose que no puede haber crimen organizado cuando existe orden público, la violencia hoy se ha convertido en violencia critica.
Muchos vemos que para el Secretario de Gobernación, Julio Huerta, es más importante aparecer en las encuestas para un cargo de elección popular y que lo hará permanecer cobrando un sueldo del erario público, que darle solución a la problemática de la aparición de cuerpos desmembrados, calcinados, embolsados, encobijados, enterrados, entamalados, enmaletatos y todos con huellas de haber muerto a causa de violencia extrema.
Y como siempre las autoridades ante su incapacidad salen con el viejo discurso de que “son hechos aislados”, “fue un ajuste de cuentas”, o que “se suicidaron” según el caso, minimizando la realidad de los hechos para ocultar que son dos células con presencia nacional los que se disputan la región.
Puebla va derechito a convertirse en el mejor ejemplo de lo que significa estado fallido, si las autoridades estatales no retoman el control sobre los municipios con políticas de legitimidad y confianza hacia las instituciones de seguridad y justicia mediante el fortalecimiento de sus procesos, recursos humanos y capacidad de atención ciudadana.
Promesas incumplidas, fallas en la administración de la pandemia, hechos de corrupción cada vez más graves y resonantes, y economías en declive han sido los motivos más trascendentales que han llevado a situaciones donde la falta de liderazgo se constituyó en un fenómeno tangible.
