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Por Chester Hernández.
En los últimos días, algunos medios de comunicación han criticado abiertamente el nepotismo en el gobierno, pero parece que han olvidado un detalle importante: muchos de estos mismos medios han sido cómplices de prácticas similares. En varios casos, se ha demostrado que periodistas y comunicadores han colocado a sus propios familiares en puestos públicos, lo que pone en evidencia la hipocresía en sus discursos.
Uno de los casos más notorios es el del ex tinto López Díaz, un personaje conocido en el ámbito político y mediático, quien incluso colocó a su cuñada en un puesto en el SOAPAP (Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla), y a su hermano en el Sicom, entre otros ejemplos de nepotismo en su círculo cercano. Pero no solo él, hay otros periodistas cuyas familias han ocupado cargos importantes en el gobierno, como aquellos que colocaron a sus madres en el ayuntamiento solo porque hacían la reputación de los políticos o a sus hijos en diversas dependencias gubernamentales.
Además, no debemos olvidar los convenios jugosos y las relaciones con empresas que se beneficiaban de contratos millonarios. ¿Acaso estos medios de comunicación no deberían reflexionar sobre sus propios intereses y prácticas antes de levantar la voz contra el nepotismo en otros?
La crítica de hoy por parte de estos medios no tiene fundamento real, ya que su preocupación no es la moralidad de las acciones gubernamentales, sino la falta de acceso a los favores y contratos que antes les eran otorgados. En lugar de señalar con el dedo, sería más honesto que los medios se autocriticaran y reconocieran sus propios vínculos con el poder. Al final, parece que lo que realmente les molesta es no estar favorecidos en las nóminas gubernamentales.

