Los Antorchos Son Mentirosos: «La Derrota de los Caciques»

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Por Chester Hernández.
El libro «La derrota de los caciques», escrito por autores vinculados a la organización Antorcha Campesina, ha generado un amplio debate sobre la forma en que se narra la historia de las luchas campesinas en México. Muchos de los que nos consideramos parte de otros movimientos sociales y tenemos «otros datos», nos vemos en la necesidad de cuestionar la veracidad de los relatos que se presentan en este tipo de obras. La historia no siempre es contada de manera imparcial y, lamentablemente, quienes escriben estos libros tienen un objetivo claro: cambiar la verdadera realidad y difundir una versión que les favorezca, a costa de los hechos históricos documentados y las voces de las víctimas.

La organización Antorcha Campesina, creada por Raúl Salinas, tiene una historia oscura que la misma Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha documentado. En sus informes, se han señalado múltiples asesinatos cometidos por miembros de esta organización, quienes inicialmente formaban parte de la Federación Nacional de Organizaciones Bolcheviques (FNOV), una agrupación que tuvo sus orígenes en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, actualmente la Universidad Autónoma de Chapingo. Este detalle es relevante, ya que refleja las ambiciones de Antorcha Campesina, cuyo liderazgo intentó tomar control de dicha universidad, algo similar a lo que trataron de hacer en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Es crucial destacar que en diversas partes del país, los testimonios y documentos coinciden en señalar que los asesinos dentro de las comunidades vinculadas a Antorcha Campesina han sido, en la mayoría de los casos, miembros de la misma organización. En el municipio de Tecomatlán, por ejemplo, se observa una realidad peculiar: la división de la población en dos grupos bien diferenciados. Por un lado, los «ricos» y caciques de Antorcha, que celebran sus fiestas religiosas y de poder, y por otro, los «pobres», que siguen una ética relacionada con el pensamiento y la lucha zapatista. Esta división no solo es social, sino también espiritual y cultural, lo que evidencia las profundas contradicciones y tensiones dentro de las comunidades controladas por esta organización.

Además, el caso de Tecomatlán es emblemático, ya que en este municipio existen dos panteones, dos iglesias y dos celebraciones, lo que refleja la fragmentación social generada por los intereses de los caciques. Lo más alarmante de todo esto es que algunos habitantes de Tecomatlán y otros municipios, como Cuayuca de Andrade y Tlaola, han llegado a señalar que Antorcha Campesina actúa como un verdadero cartel de crimen organizado, bajo la protección de Raúl Salinas, uno de los líderes más controvertidos de la organización. Esta acusación no es trivial, ya que pone en evidencia la relación entre el poder político, económico y la violencia que ha caracterizado a Antorcha Campesina a lo largo de los años.

Para entender mejor la realidad de esta organización, basta con hacer un recorrido por la historia de Raúl Salinas y sus vínculos con el poder político en México. No es casualidad que muchos lo señalen como el padre de la corrupción en ciertas regiones del país, ya que sus actividades y su control sobre diversos sectores sociales siempre estuvieron marcados por el uso de la violencia y la intimidación. La historia de la familia Salinas es un ejemplo claro de cómo los caciques han utilizado el poder político para enriquecerse a costa de las clases más desfavorecidas.

La derrota de los caciques no es una obra neutral ni objetiva, sino una pieza de propaganda que busca legitimar a una organización cuyos métodos han sido cuestionados por su vinculación con el crimen organizado y la violencia. La historia debe ser contada con honestidad y claridad, sin tratar de ocultar las sombras del pasado. Los pueblos que han sufrido a manos de Antorcha Campesina merecen ser escuchados y que sus voces se incluyan en la narrativa histórica, para que la verdadera justicia social, tan ansiada por los mexicanos, finalmente prevalezca.
Solo hay que recordar quién era el papá de Aquiles Córdoba y A qué se dedicaba.

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