Tehuacán Bajo Asedio: Inseguridad y Autoritarismo Bajo la Administración de Barroso

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Por Chester Hernández.

Tehuacán, Puebla.- El municipio de Tehuacán atraviesa una de sus épocas más oscuras en términos de seguridad pública y gestión política. Mientras el presidente municipal Alejandro Barroso Chávez impone un férreo control sobre sus regidores y aplica medidas de censura sin precedentes, la creciente ola de inseguridad en la región se desborda de manera alarmante. En los últimos tres meses, las cifras de delitos cometidos en el municipio no solo han aumentado, sino que han alcanzado niveles preocupantes, reflejando la incapacidad del gobierno local para frenar la violencia.

Los habitantes de Tehuacán, antes una ciudad conocida por su tranquilidad, se sienten cada vez más vulnerables ante el aumento de robos, asaltos, homicidios y otros crímenes violentos. La presencia de la policía municipal, lejos de brindar la sensación de seguridad, ha mostrado ser ineficaz frente al auge de la criminalidad. Y la situación es aún más grave cuando se observa que la fuerza policial bajo el mando de Barroso no está certificada por el Centro de Evaluación y Control de Confianza (CECC), un requisito indispensable para que los oficiales estén debidamente capacitados y operen dentro del marco legal con el famoso CUP certificado único policial..

Este vacío de formación y certificación de los agentes policiales pone en riesgo no solo a los ciudadanos, sino también a los mismos elementos de la policía municipal. La falta de control sobre las acciones de los policías ha generado un ambiente de desconfianza y caos, pues muchos de los oficiales no deberían portar armas, ni mucho menos llevar a cabo detenciones sin la debida capacitación y legalidad para hacerlo. Esta situación se convierte en un caldo de cultivo para posibles abusos y violaciones de derechos humanos, además de perpetuar la sensación de impunidad que prevalece en el municipio.

En lugar de abordar estos problemas de fondo, Barroso parece más preocupado por imponer su control sobre los regidores, restringiendo su derecho a debatir y comunicarse con los medios, lo cual refleja una desconexión peligrosa con las verdaderas necesidades de la comunidad. El presidente municipal ha optado por silenciar a quienes deberían ser sus aliados en la búsqueda de soluciones a los problemas más acuciantes del municipio, como lo es la inseguridad.

La falta de un plan efectivo para enfrentar la criminalidad y la inoperancia de la policía municipal son dos caras de la misma moneda: un gobierno que, en lugar de asumir su responsabilidad, prefiere imponer el silencio y el control autoritario sobre su propia administración. Mientras tanto, la inseguridad sigue avanzando sin freno, dejando a los tehuacanenses expuestos a los estragos de la violencia y el crimen organizado.

Lo que Tehuacán necesita no son medidas de censura ni control político, sino una estrategia integral para mejorar la seguridad, garantizar la capacitación y certificación de los policías, y un gobierno transparente que escuche y responda a las demandas de sus ciudadanos. Sin estos elementos básicos, el futuro de Tehuacán parece estar marcado por el fracaso en la gestión pública y la intensificación de la violencia, mientras las autoridades siguen más preocupadas por el poder que por la protección de la ciudadanía.

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