Alejandro Barrañón rescata obras olvidadas de pianistas mexicanos en Xicoténcatl

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  •   El concertista de Bellas Artes ofrece recital con piezas de autores nacionales de los siglos XIX, XX y XXI.

El público de la Casona de Xicoténcatl disfrutó la noche del viernes pasado de un “viaje musical” de la mano del pianista Alejandro Barrañón, concertista de Bellas Artes, quien condujo a los asistentes a descubrir compositores mexicanos poco conocidos de los siglos XIX, XX y XXI, y también obras de autores renombrados que no suelen interpretarse en los escenarios.

Y es que para el programa “Caleidoscopio pianístico mexicano” de esa velada, el artista invitado hizo una selección de piezas que él mismo fue “encontrando” -detalló al público-, mediante búsquedas en acervos institucionales, con la ayuda de expertos musicólogos e incluso solicitándolas a familiares de los compositores.

La fuerte lluvia de la noche no fue impedimento para llevar a cabo el concierto de más de una hora ante cerca de 60 asistentes, mientras que el sonido de las gotas en el techo de la Sede Histórica del Senado de la República acompañó las notas del grand piano del recinto y dio una peculiar atmósfera a la presentación de Alejandro Barrañón.

“Obertura Luisa”, de Guadalupe Olmedo (1854-1889), abrió el recital con la elegancia e intensidad que impregna una obra que, explicó el músico, la autora mexiquense completó en su versión para orquesta, pero que en su versión para piano quedó inconclusa, algo que Barrañón se dio a la tarea de terminar cuando descubrió la pieza.

Dos obras del guanajuatense Roberto Solís (1838-1893), que contrastan por sus matices, siguieron el itinerario: “El Timbre de la Ley”, de lentos compases y aire sereno, y “Lo del Teatro”, más dramática y en ciertos puntos festiva; ambas composiciones, contó el pianista, nunca fueron publicadas y sus partituras sólo existían en manuscritos.

Le siguió la “Marcha Republicana al Presidente Benito Juárez”, de María Garfias (1849-1918), canción que dista de la solemnidad que sugiere su nombre, pues está llena de alegría y armonía, ya que la autora de la Ciudad de México quiso reflejar en ella el optimismo por el derrocamiento del Segundo Imperio Mexicano, época en la que compuso la pieza.

Alejandro Barrañón compartió, además, dos melodías con carácter y compases más relajados: “Moderato” y “Scherzo”, de Candelario Huízar (1882-1970), cuyas partituras también estaban disponibles sólo en manuscrito y fueron compartidas al pianista por la familia del compositor zacatecano.

Manuel M. Ponce (1882-1948) llegó al piano de Xicoténcatl de la mano de Barrañón, a través de la poco conocida “Rapsodia Cubana”, pieza de variedad de matices tonales y rítmicos que el también compositor zacatecano escribió en 1915, luego de vivir un largo periodo en la isla caribeña.

La última parte de este concierto gratuito obsequió a los asistentes una interesante escena cuando el pianista invitado tocó la canción “El Torito de Pólvora”, de Carlos Vidaurri (Jalisco, 1961) y, al terminarla, el mismo Vidaurri se levantó de entre el público para acercarse y dar un abrazo al artista de Bellas Artes por interpretar su composición.

El particular cierre de la velada fue redondeado cuando Carlos Vidaurri subió al escenario para fungir de page turner de Barrañón (es decir, para ayudarle a pasar las hojas de la partitura), en la ejecución de la pieza “Danza”, del chihuahuense Armando Luna Ponce (1964-2015).

Tal gesto de colaboración de los dos maestros pianistas fue reconocido con una prolongada ovación de pie por parte del público, algo a lo que ya nos han acostumbrado los recitales que todos los viernes por la noche comparte en su oferta cultural el Senado de la República.

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