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El precio de la canasta alimentaria aumentó 67 por ciento en México desde la llegada de Morena al gobierno federal, con Andrés Manuel López Obrador y luego con Claudia Sheinbaum Pardo, administraciones conocidas como la cuarta transformación.
“Entre agosto de 2018 y marzo de 2026, el incremento acumulado de la canasta alimentaria es de 67 por ciento, frente a 45 por ciento del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC)”, afirmó Iteso, Universidad Jesuita de Guadalaja.
La brecha de la canasta alimentaria y la inflación evidencian un deterioro más acelerado en el costo de los alimentos respecto al nivel general de precios, lo que afecta de manera desproporcionada el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos, manifestó la institución educativa.
“Este comportamiento se explica por incrementos significativos en productos específicos con alta incidencia en la canasta alimentaria”, destacó.
En el ámbito rural, detalló la institución académica, el jitomate destaca con un aumento anual de 126.3 por ciento y una incidencia de 41.1 por ciento, seguido por alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar (19.7 por ciento) y el bistec de res (7.2 por ciento).
De acuerdo con la investigación, en zonas urbanas, aunque el jitomate también lidera (con 28.8 por ciento), cobra mayor relevancia el componente de alimentos fuera del hogar, con una incidencia de 27 por ciento, así como la leche pasteurizada (con 6.3 por ciento).
La evolución de la línea de pobreza por ingresos, que incorpora tanto la canasta alimentaria como la no alimentaria, muestra también una tendencia sostenida al alza en el costo de satisfacer necesidades básicas, aunque con una dinámica distinta a la observada en la pobreza extrema, dijo la Escuela de Negocios Iteso, Universidad Jesuita de Guadalaja.
“Entre enero de 2018 y marzo de 2026, este umbral pasó de niveles cercanos a 3 mil 100 pesos mensuales en zonas urbanas a 4 mil 940 pesos, mientras que en el ámbito rural aumentó de alrededor de 2 mil 200 pesos a 3 mil 553 pesos”, comentó.
En marzo de 2026, expuso, la línea registró incrementos anuales de 5.6 por ciento en el ámbito urbano y de 6.1 por ciento en el rural, lo que refleja un encarecimiento generalizado del conjunto de bienes y servicios necesarios para el bienestar, más allá de los alimentos.
“A diferencia de lo observado en la línea de pobreza extrema, el crecimiento de la línea de pobreza por ingresos ha sido más cercano al de la inflación general”, puntualizó.
Entre agosto de 2018 y marzo de 2026, el incremento acumulado de esta línea se ubica en 49 por ciento en el ámbito urbano y 53 por ciento en el rural, frente a 45 por ciento del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), añadió.
“Si bien se mantiene una brecha por encima del nivel general de precios, esta es considerablemente menor a la registrada en la canasta alimentaria, lo que sugiere que los componentes no alimentarios, como transporte, vivienda, educación y otros servicios, han tenido una trayectoria más alineada con la inflación agregada”, apuntó.
El aumento en la línea de pobreza por ingresos responde a una combinación de presiones tanto en bienes como en servicios, señaló.
En ambos ámbitos, la canasta alimentaria continúa siendo el principal determinante, con incidencias de 70.4 por ciento en el ámbito rural y 73.6 por ciento en el urbano, lo que confirma que los alimentos siguen concentrando la mayor presión incluso en una medida más amplia de pobreza, dijo.
“Se observan también incrementos relevantes en componentes no alimentarios: en el ámbito rural destacan el transporte público (6.7 por ciento y los cuidados personales (6.2 por ciento), mientras que en el urbano sobresalen educación, cultura y recreación (6.7 por ciento) y el transporte público (5.6 por ciento)”, detalló.
“Estos resultados reflejan que el encarecimiento del costo de vida se ha extendido más allá de los alimentos, incorporando presiones en servicios esenciales que elevan el ingreso necesario para evitar caer en situación de pobreza por ingresos”, resaltó.



