Aumenta el reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado en TikTok

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“¿Qué es de lo que tienes miedo?”, pregunta una voz fuera de cámara a un joven que parece nervioso. La conversación continúa con una oferta: trabajo, pagos semanales, vacaciones y la posibilidad de ayudar económicamente a su familia. El joven escucha, duda y finalmente responde: “Es mejor que mi mamá no se preocupe”. El video, difundido en TikTok, concluye con un mensaje aparentemente inocuo: “Se regresó para casa porque no quiso”.

Otro video muestra la pregunta: “¿Qué harías por tu mamá?”, acompañada por imágenes y conversaciones relacionadas con la búsqueda de empleo en actividades ilícitas. El video acumuló cientos de miles de interacciones, incluyendo miles de comentarios, compartidos y contenidos guardados por usuarios.

Estos testimonios forman parte de la investigación Del scroll al ‘jale’: cómo se recluta en TikTok, elaborada por el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México, que durante más de un año documentó la forma en que grupos criminales utilizan redes sociales para atraer, persuadir e incorporar jóvenes a sus filas.

Lejos de los métodos tradicionales asociados con la violencia física, el reclutamiento en línea recurre a mecanismos de seducción emocional que apelan a carencias económicas, necesidades de reconocimiento social, vínculos familiares y deseos de pertenencia.

La investigación sostiene que los grupos delictivos han aprendido a utilizar el lenguaje, la estética y las dinámicas propias de las redes sociales para presentar la actividad criminal como una opción de vida deseable para ciertos sectores juveniles.

Los tres relatos que utilizan los grupos criminales para captar jóvenes

Enrolarse en lo criminal

Esta narrativa presenta el ingreso a organizaciones delictivas como una oportunidad laboral.

Los videos suelen incluir promesas de ingresos constantes, beneficios económicos, estabilidad financiera y movilidad social. En algunos casos, el reclutamiento aparece disfrazado de una oferta de trabajo convencional, con referencias a pagos semanales, hospedaje o vacaciones.

Conexión emocional

La segunda estrategia detectada utiliza vínculos afectivos para generar empatía.

Las publicaciones apelan frecuentemente a la figura de la madre, la familia o las dificultades económicas del hogar. Frases como “¿Qué harías por tu mamá?” buscan conectar emocionalmente con jóvenes que enfrentan condiciones de vulnerabilidad.

Según los investigadores, este tipo de mensajes convierte la incorporación a actividades ilícitas en una aparente muestra de responsabilidad familiar o sacrificio personal.

Relatos bélicos

La tercera narrativa se apoya en la estética de la confrontación y el poder.

A través de imágenes, música y símbolos asociados con prestigio, fuerza o pertenencia, los contenidos proyectan una visión aspiracional de la vida criminal, sin necesidad de formular una invitación explícita. El papel del algoritmo en la normalización de la cultura criminal

Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es el papel que desempeñan los sistemas de recomendación de contenido.

Los investigadores identificaron que los algoritmos pueden encapsular a los usuarios en burbujas de contenido donde predominan mensajes similares relacionados con actividades criminales.

De esta manera, jóvenes que inicialmente consumieron uno o dos videos pueden terminar expuestos de forma recurrente a publicaciones que normalizan la violencia, el reclutamiento y la cultura del crimen organizado.

El informe señala que muchos usuarios no buscan activamente este contenido, sino que llegan a él a través de recomendaciones automáticas generadas por la propia plataforma.
Menores de edad preguntan cómo unirse

El análisis de 100 videos identificó un fenómeno adicional: la participación activa de usuarios interesados en incorporarse a estas organizaciones.

En los comentarios aparecen preguntas sobre requisitos, formas de contacto y procedimientos para ingresar a los grupos criminales.

Los investigadores documentaron que numerosos usuarios solicitan información para «entrar», «trabajar» o «conseguir chamba», mientras otros se ofrecen voluntariamente para participar.

La presencia de presuntos menores de edad entre quienes interactúan con estos contenidos ha incrementado las preocupaciones sobre el alcance del fenómeno. TikTok elimina menos contenido relacionado con crimen organizado en México

Los datos de transparencia de la propia plataforma muestran diferencias significativas entre México y el promedio mundial en materia de moderación.

De acuerdo con el Informe de Cumplimiento de las Normas de la Comunidad de TikTok 2025, la tasa de eliminación proactiva de contenido vinculado a organizaciones criminales alcanza apenas 54.3% en México, frente a 93.4% a nivel global.

Asimismo, en la categoría de comportamiento criminal o violento, la eliminación preventiva es de 66% en territorio mexicano, mientras que el promedio mundial asciende a 91.9%.

Estas cifras sugieren que una mayor proporción de contenido relacionado con actividades criminales permanece visible para usuarios mexicanos antes de ser retirado.

Del Rancho Izaguirre a las redes sociales

Contexto: El informe recuerda que el fenómeno cobró relevancia nacional tras el hallazgo del Rancho Izaguirre, en Jalisco, en marzo de 2025, identificado por las autoridades como un centro de adiestramiento vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Posteriormente, el gobierno federal informó sobre la desactivación de decenas de cuentas relacionadas con actividades de reclutamiento.

Sin embargo, los investigadores concluyen que el cierre de perfiles individuales no ha frenado la producción de contenido ni la circulación de narrativas orientadas a captar nuevos integrantes.

Los especialistas advierten que el reclutamiento criminal digital se ha convertido en un fenómeno complejo que combina desigualdad social, estrategias de comunicación, algoritmos y vacíos legales.

Ante este escenario, recomiendan fortalecer la alfabetización digital, mejorar las capacidades de monitoreo de las autoridades y desarrollar mecanismos regulatorios que permitan identificar y combatir estas prácticas sin vulnerar derechos fundamentales.

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