BC 2027 ¿Continuidad o cambio?

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Así lo dice La Mont

Cuenta regresiva: La sucesión gubernamental en Baja California para 2027 refleja no solo  un proceso electoral, sino  una prueba de resistencia para el ahora  hegemónico Morena, el  resurgimiento de la alianza opositora PAN-PRI y el poder de los factores políticos históricamente disruptivos como la influencia de Jorge Hank Rhon. El estado, históricamente un termómetro de la alternancia y la modernidad política, se encamina hacia una contienda donde las inercias del pasado y las nuevas fracturas internas del partido gobernante definirán el futuro  de la entidad. Para ello , es imprescindible recordar la victoria de 2019, que marcó el fin de la era panista. La elección que llevó a Jaime Bonilla Valdez al Palacio de Gobierno de Mexicali  fue  contundente con la coalición Juntos Haremos Historia (Morena, PT, PVEM en un  contexto de baja participación ciudadana y una batalla legal por el limitado  mandato de  Bonilla Valdez quien obtuvo  425,385 votos, lo que representó el 50.45% de la votación total. Esta   victoria  contrastó con el desempeño de la oposición: el candidato del Partido Acción Nacional (PAN), José Óscar Vega Marín, cuyo partido   gobernó por tres décadas y  quedó en un distante segundo lugar con apenas 192,201 votos (22.87%). El Partido Revolucionario Institucional (PRI), obtuvo  39,093 votos (4.65%). Este resultado no solo significó el fin de la hegemonía del PAN que inició en  1989, sino demostró el poder del “efecto AMLO” en un estado fronterizo y, sobre todo, la profunda distancia del electorado hacia los partidos tradicionales. El triunfo de Morena fue un referéndum contra el PAN con una participación históricamente baja y que permitió a la estructura guinda movilizar a su base con eficiencia. El elemento controversial de esa elección fue la denominada “Ley Bonilla”, que intentó ampliar el periodo de gobierno de dos a cinco años a pesar de lo  votado en las urnas, un acto que resultó  invalidado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) pero que dejó una sombra de autoritarismo y exceso político que Morena buscará borrar de cara a 2027. 

Hacia  2027:  Actualmente Morena no solo se enfrenta al desgaste natural de una administración estatal, sino a las divisiones internas que caracterizan a un movimiento que creció  exponencialmente absorbiendo políticos de diversas ideologías. A diferencia de 2019, donde el carisma del líder nacional fue el motor principal, en 2027 la candidatura guinda requerirá de un perfil que logre conciliar las facciones internas y que pueda presumir resultados concretos de gestión,  en áreas  como la seguridad y la infraestructura fronteriza. Los aspirantes de Morena se agrupan en dos grandes categorías: los cuadros actuales del gobierno estatal y los operadores políticos con trayectoria federal. En el primer grupo, surgen nombres de funcionarios con alta exposición que  manejan áreas sensibles de la administración actual, o bien figuras que reflejan un bajo perfil  pero con control de la estructura partidista local. La candidata natural deberá ser una figura que cuente con la anuencia de la gobernadora saliente Marina del Pilar como la senadora Julieta Andrea Ramírez, la ex edil de Mexicali,  Norma Bustamante e Ismael Burgueño Ruiz, Presidente Municipal de Tijuana que muestren  su  capital  y no se ubiquen como  una extensión de la actual administración. Será  crucial para Morena la paridad de género, lo que podría elevar las posibilidades de cuadros femeninos con trayectoria legislativa o en cargos estratégicos. El segundo grupo incluye a los outsiders guindas,  que ocupan posiciones ante la LXVI legislatura federal y quienes serán propuestos por la cúpula nacional. Estos perfiles tienen la ventaja de la distancia del desgaste local y el acceso a recursos federales, pero enfrentan el reto de considerarse  como eso: externos  en una entidad con marcada  identidad regional. La clave de la selección morenista será la encuesta, el método predilecto que, en Baja California, siempre es objeto de suspicacias. Una contienda interna errónea   generará una fractura que beneficie directamente a la oposición, ya sea dividiendo el voto o impulsando a un aspirante inconforme a buscar otras siglas. La necesidad de unificar a las bases obradoristas y a los cuadros de reciente adhesión es el principal obstáculo interno de Morena. Frente a la hegemonía de Morena, la alianza opositora, compuesta principalmente por el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), enfrenta el reto de la sobre ivencia. Tras la debacle de 2019 y la derrota en 2021, ambos partidos deben demostrar que son más que un cascarón y que pueden ofrecer una alternativa creíble. El PAN, a pesar de sus derrotas en 2019 y 2021 por la gubernatura, aún conserva bases territoriales importantes en municipios clave y una militancia histórica que puede ser movilizada. Sus aspirantes provienen de los ex-gobernadores o de  cuadros municipales que  lograron  resistir a  la aplanadora guinda  como es el caso del Senador Gustavo Sánchez Vázquez candidato del PAN quien se desempeño como ex alcalde de Mexicali y con amplia  experiencia política y administrativa.

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