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Un agujero de quince metros de ancho en el techo del reactor número 4, el punto exacto de la explosión de 1986. Llamas visibles incluso desde kilómetros de distancia. Esta es la imagen que encontraron los técnicos ucranianos cuando lograron acceder al sitio de Chernobyl, pocas horas después del ataque ruso que golpeó el ‘Nuevo Confinamiento Seguro’, la gigantesca estructura construida para aislar para siempre lo que queda del peor desastre nuclear del siglo XX. Una exclusiva de The Guardian ha revelado que el ataque ocurrió el pasado febrero, pero la noticia se mantuvo en secreto hasta ahora. La estructura dañada, valuada en 1,5 mil millones de euros y considerada una obra de ingeniería sin precedentes, fue golpeada por un dron kamikaze de fabricación iraní, un Shahed-136, parte de la nueva estrategia rusa que apunta a infraestructuras simbólicas y críticas en territorio ucraniano.
El daño no es solo simbólico. El techo exterior fue perforado y el interior se incendió. Tomó más de dos semanas apagar completamente las llamas. Y aunque las autoridades ucranianas y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aseguran que no se ha producido una liberación de radiaciones, el daño económico y estratégico es considerable. Los costos de reparación, según estimaciones preliminares, ascenderán a decenas de millones de euros.
El fondo internacional de emergencia, creado hace años para apoyar la seguridad del sitio, cuenta con apenas 25 millones. No serán suficientes. Según lo informado al Guardian por fuentes diplomáticas y técnicos involucrados en los trabajos, los costos adicionales recaerán probablemente sobre los gobiernos occidentales. En el pasado, la Unión Europea, los Estados Unidos y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo ya habían contribuido masivamente a la construcción de la nueva cúpula de contención. Ahora serán llamados a intervenir de nuevo.
‘Un ataque a la seguridad nuclear global’, ha declarado el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, quien ha acusado a Moscú de usar la estrategia del terror ambiental. ‘No solo matan a los civiles, quieren dejar un legado tóxico también a las generaciones futuras’, agregó. Rusia, por su parte, ha negado toda responsabilidad, hablando de un intento ucraniano de desacreditar al Kremlin. Chornobyl, convertida en símbolo del renacimiento verde y del turismo memorial, es hoy una zona blindada bajo control militar. Desde que Rusia invadió Ucrania, toda el área se ha convertido en un nodo estratégico, primero ocupada por las fuerzas rusas, luego reconquistada por Kyiv.
Durante la retirada rusa, el sitio ya había sufrido saqueos y daños. Ahora, el ataque con drones marca una nueva y profundamente inquietante escalada. Los expertos temen que, si la estructura de contención no se restablece rápidamente, el metal dañado pueda corroerse en unos pocos años.
Esto pondría en riesgo la integridad de la barrera construida para evitar que los polvos radiactivos aún presentes en el reactor se dispersen en el ambiente. Aunque no ha habido pérdidas inmediatas, la amenaza no ha desaparecido. ‘No es una bomba que explota hoy, sino una exposición continua al riesgo mañana’, explicó un ingeniero nuclear involucrado en el proyecto original. ‘Construimos esa estructura para durar al menos cien años. Ahora ya no podemos estar seguros’.