Depuración tardía y escándalos en la Secretaría de las Mujeres

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Depuración tardía y escándalos en la Secretaría de las Mujere

Por Chéster Hernández

La llamada “depuración” en la Secretaría de las Mujeres no es un acto de transparencia ejemplar, sino la consecuencia tardía de una cadena de omisiones, complicidades y presunta protección institucional. Varias integrantes de la dependencia fueron dadas de baja en medio de señalamientos por violencia y acoso laboral, prácticas que contradicen frontalmente la misión de una institución creada para defender los derechos de las mujeres.

Entre las cesadas se encuentra la asistente personal de la titular de la secretaría, Yadira Lira, así como la entonces directora de Transversalidad, Luz del Carmen Arredondo Díaz, adscrita al edificio Norte del CIS. Esta última también se ostentaba como líder en temas de violencia vicaria, una bandera que hoy queda manchada por las denuncias internas que pesaban en su contra.

De acuerdo con testimonios del propio personal, las quejas por violencia y acoso laboral no eran nuevas. Se habrían presentado en reiteradas ocasiones sin que existiera una respuesta firme por parte de la titular. Por el contrario, al interior se señalaba un ambiente de protección hacia un grupo cercano a la dirección, lo que generó inconformidad, desconfianza y un clima laboral insostenible.

La salida de estas funcionarias no puede leerse como un gesto voluntario de saneamiento, sino como una reacción forzada ante la acumulación de denuncias. Resulta preocupante que en una secretaría cuya razón de ser es erradicar la violencia de género, se toleraran —según los señalamientos— conductas de hostigamiento y maltrato laboral.

A este escenario se suma un hecho igual de grave: la devolución de más de tres millones de pesos correspondientes a un programa oficial, presuntamente por falta de capacidad operativa para ejercerlos. En un contexto donde los recursos para atender a mujeres en situación de violencia son insuficientes, regresar fondos por ineficiencia administrativa es una afrenta para quienes esperan apoyo y respuestas concretas.

La Secretaría de las Mujeres enfrenta hoy no solo un problema de imagen, sino una crisis de credibilidad. La ciudadanía merece saber por qué se ignoraron las denuncias, quién asumirá la responsabilidad política y administrativa, y qué medidas reales se implementarán para evitar que la dependencia repita los mismos vicios que está obligada a combatir.

La depuración apenas comienza, pero la rendición de cuentas sigue pendiente.

P.D.”La amistad se honra no se presume.”

Ahora quién le va a hacer las fiestas y las taquizas a la titular, a costillas de los trabajadores.

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