Desde la CDMX a la corrupción estatal: Oswaldo “N” y el poder podrido en la Fiscalía

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Por Chester Hernández.
Directamente desde la Ciudad de México, un personaje con historial cuestionable y actitud de padrote de rancho ha llegado a la Fiscalía General del Estado para imponer su ley personal. Oswaldo “N”, alto funcionario traído supuestamente para “fortalecer” la institución, ha sido señalado por trabajadoras y trabajadores como el centro de una red de corrupción, abuso de poder y acoso laboral que opera con total impunidad.

Las denuncias internas apuntan a un ambiente tóxico donde el miedo y el silencio se han convertido en moneda de cambio. Según testimonios recogidos por este medio, Oswaldo “N” utiliza su posición para manipular, intimidar y someter a las empleadas bajo amenazas disfrazadas de órdenes administrativas: “O te portas bien conmigo o te mando a dobletear turno; si no le caes bien al jefe, te reubico fuera del estado”, relatan algunas víctimas. Este tipo de chantaje, denunciado por múltiples voces, no solo es ilegal: es inaceptable en cualquier institución pública.

Lejos de tratarse de un funcionario menor, Oswaldo “N” arrastra un pasado turbio. Su nombre figura en expedientes relacionados con violaciones graves a los derechos humanos, incluyendo el escandaloso caso de Brenda Quevedo Cruz, víctima de tortura en el proceso fabricado contra el hijo de Isabel Miranda de Wallace. En aquella ocasión, el abuso de poder fue disfrazado de justicia. Hoy, la historia parece repetirse.

Fuentes internas aseguran que este sujeto ha convertido su cargo en una herramienta para el acoso sistemático. A más de una empleada la ha “invitado” a comer o a salir, insinuando que su permanencia en una plaza o municipio depende de su respuesta. La estructura de poder que lo protege permite que siga actuando como si estuviera por encima de la ley.

La Fiscalía, lejos de sancionar estas conductas, guarda silencio. ¿Quién protege a Oswaldo “N”? ¿Qué intereses lo sostienen? ¿Hasta cuándo se permitirá que el abuso sea parte del organigrama institucional?

Mientras las autoridades callan, la indignación crece. Y lo que hoy se filtra como rumores, pronto podría convertirse en un escándalo nacional si las víctimas continúan alzando la voz.

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