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Por Chester Hernández.
Este martes, el descontinuado líder charro del sindicato de la planta Volkswagen en Puebla decidió no presentarse al juzgado, a pesar de haber interpuesto una denuncia contra el periodista Yair Licona. Su ausencia no sorprende a quienes conocen su historial de opacidad y autoritarismo: cuando la verdad se impone, el miedo aparece.
Licona, periodista con reconocida trayectoria en temas laborales, ha expuesto con pruebas el desvío de recursos y los manejos turbios que caracterizan la gestión de este dirigente sindical, cuyo liderazgo ya no representa a los más de 700 trabajadores que dice defender. Lejos de responder con argumentos, optó por la agresión y la difamación, conducta propia de quienes temen perder sus privilegios.
El autodenominado “Fidel Velázquez poblano” se ha quedado sin discurso y sin respaldo moral. A estas alturas, resulta evidente que su papel dentro del sindicato responde más a intereses personales que al bienestar de los trabajadores. Su ausencia ante la justicia es la confirmación de que no está dispuesto a enfrentar la realidad.
Líderes como él son una vergüenza para el movimiento sindical. En lugar de construir, dividen; en lugar de defender, traicionan. Es urgente que tanto la armadora como los propios trabajadores reconozcan quién es este personaje que, amparado en viejas prácticas corporativistas, intenta silenciar a la prensa y aferrarse a un poder que ya no le pertenece.
El sindicalismo necesita renovarse, alejarse de figuras caducas como este descontinuado líder charro que ya no tiene cabida en un modelo laboral que exige honestidad, democracia y verdadera representación.



