El PT en Puebla: del voto prestado a las ambiciones personales

Loading

Por Chéster Hernández

En la política mexicana parece que algunos actores han perdido por completo el sentido de la vergüenza. Tal es el caso del Partido del Trabajo (PT) en Puebla, una fuerza política que ha sobrevivido más por alianzas estratégicas que por estructura propia o respaldo ciudadano real.

La reciente postura de su dirigencia ha reavivado las críticas sobre su papel dentro de la vida política estatal y nacional. Lejos de consolidarse como una opción autónoma, el PT ha sido señalado reiteradamente como un beneficiario del arrastre electoral de Morena y del trabajo político de figuras como el hoy gobernador Alejandro Armenta, cuyo capital político resultó determinante en los últimos procesos electorales.

Después de lo que ha sido señalado como una traición política a la presidenta Claudia Sheinbaum, al votar en contra de las reformas electorales, la lideresa del Partido del Trabajo, Liz Sánchez, se destapa ahora como aspirante a la alcaldía de Puebla.

Sin embargo, tras obtener posiciones clave, entre ellas la senaduría de Liz Sánchez, el discurso de unidad comenzó a fracturarse. La dirigente partidista ahora es señalada por su postura de ruptura al votar en contra de reformas impulsadas desde el bloque de la llamada Cuarta Transformación, incluida la reforma electoral, lo que ha sido interpretado por sus críticos como una traición política al proyecto que la llevó al poder.

Hoy, con un discurso cada vez más desgastado y alejado de las bases que la impulsaron, Liz Sánchez se destapa abiertamente con aspiraciones rumbo a la alcaldía de Puebla, lo que ha generado cuestionamientos sobre sus verdaderas intenciones políticas y su coherencia ideológica.

En el fondo, la crítica más severa apunta a la dependencia del PT respecto a otros partidos para sobrevivir electoralmente. Sus resultados, señalan sus detractores, no alcanzan por sí solos para sostener victorias significativas sin alianzas. En ese sentido, la frase que circula en el ambiente político resume el desencanto: los votos del Partido del Trabajo no tapan ni una muela.

La pregunta que ahora queda sobre la mesa es si estas aspiraciones responden a un proyecto real o a una estrategia de negociación política. Y si, como aseguran algunos, existe verdadera confianza en ganar, entonces debería haber congruencia: renunciar desde ahora al Senado de la República y competir sin el respaldo de la plataforma que la llevó hasta ahí.

Entradas Destacadas