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Por Chester Hernández
En pleno siglo XXI, y bajo el amparo de una Constitución que establece con claridad el carácter laico del Estado mexicano, resulta alarmante que prácticas ajenas al ámbito educativo estén teniendo lugar en oficinas gubernamentales. Tal es el caso de la Coordinación Regional de Desarrollo Educativo (CORDE) Poniente de la Secretaría de Educación Pública, ubicada sobre la avenida 25 Poniente.
Según testimonios de trabajadores que han solicitado permanecer en el anonimato por temor a represalias, la actual coordinadora de esta dependencia ha promovido rituales de corte esotérico y religioso dentro de las instalaciones públicas. Entre las acciones denunciadas se encuentran convocatorias al personal para vestir de blanco, rezos colectivos, y la aspersión de agua bendita a modo de “purificación”.
Estas prácticas no solo resultan cuestionables desde el punto de vista ético y profesional, sino que podrían constituir una violación directa al principio de laicidad consagrado en el artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual establece que la educación que imparta el Estado debe ser laica y mantenerse por completo ajena a cualquier doctrina religiosa.
La pregunta es obligada: ¿quién supervisa a esta funcionaria? ¿Hasta qué punto las autoridades educativas Manuel Viveros, están dispuestas a permitir que el fanatismo personal sustituya la vocación pedagógica y administrativa que debe regir en la SEP?
Algunos trabajadores temen que, de no intervenir a tiempo, estas prácticas escalen a rituales aún más preocupantes, al estilo de ceremonias propias de creencias populares, incluyendo incluso sacrificios de animales, como ocurre en algunas comunidades rurales. ¿Se trata de una simple excentricidad o de una peligrosa mezcla de poder y superstición?
Resulta urgente que las autoridades correspondientes —incluyendo la Secretaría de Educación estatal y federal— abran una investigación seria sobre el actuar de esta coordinadora. No podemos permitir que la educación pública se convierta en escenario de prácticas ajenas a la ciencia, la razón y la legalidad. La coordinación no es templo, ni altar es una oficina de la SEP.



