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La tranquilidad de Tlaxcala se vuelve a ver rota con un hecho que ha conmocionado a la sociedad, el hallazgo de dos cuerpos sin vida en una construcción abandonada de San Miguel Contla, Santa Cruz Tlaxcala. Entre las víctimas se identificó al exrector de la Universidad Tecnológica de Tlaxcala (UTT), Humberto Becerril Acoltzi, quien encabezó la institución entre 2015 y 2018.
De acuerdo con los primeros reportes, tanto él como su acompañante fueron privados de la libertad en Apetatitlán por un grupo armado. Horas más tarde, sus cuerpos fueron abandonados con huellas de violencia, cubiertos con cal y junto a un mensaje intimidante. La Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) ya investiga el caso; sin embargo, hasta el momento no hay personas detenidas.
Este crimen no solo enluta a la comunidad académica, sino que también expone una realidad que no puede seguir ocultándose: Tlaxcala enfrenta una ola de violencia sin precedentes, pese al reiterado discurso oficial de ser “el estado más seguro del país”. La magnitud y frecuencia de delitos como levantones, ejecuciones, tiroteos y secuestros evidencian que la entidad atraviesa una crisis de seguridad que no puede ni debe normalizarse.
Hoy, la exigencia ciudadana es clara: justicia para las víctimas y acciones concretas que devuelvan la paz a Tlaxcala.



