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Por chéster Hernández.
Esta noche es, para millones de niños, la más larga del año. No por el frío ni por la oscuridad, sino por la emoción que no cabe en el pecho. Es la noche en la que llegan los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, cargados de sueños, esperanza y regalos para todos aquellos niños que se esforzaron por portarse bien durante el año.
En cada hogar se repite la misma escena: los zapatos están listos junto a la ventana o debajo del árbol, acompañados de una carta escrita con letra temblorosa y llena de ilusión. Afuera, el silencio parece más profundo, mientras dentro de las casas los niños luchan contra el sueño. Se levantan una y otra vez, con los ojos entrecerrados, para preguntar: “Papá, mamá, ¿ya llegaron los Reyes Magos?”. Los padres sonríen con ternura y responden en voz baja: “Duérmete, duérmete, que todavía no llegan”.
Sin embargo, no todo es magia completa. Este año, como en muchos otros, los Reyes Magos enfrentan una realidad difícil. No es que no quieran llegar a todos los rincones, sino que la situación económica ha hecho que sus regalos no alcancen para todos. En algunos hogares, los obsequios serán sencillos; en otros, quizá no habrá cajas envueltas con papel brillante. Aun así, la esencia de esta noche no se pierde.
Porque los Reyes Magos no solo traen juguetes, también traen mensajes invisibles: el valor de la esperanza, la importancia de compartir y la fuerza de la ilusión. En muchos hogares, los padres hacen un esfuerzo enorme para que sus hijos no pierdan la magia, recordándoles que el verdadero regalo está en el amor, la familia y el tiempo compartido.
A pesar de las dificultades, la tradición sigue viva. En cada risa nerviosa, en cada suspiro antes de dormir, en cada zapato colocado con cuidado, se demuestra que la ilusión no entiende de crisis. Esta noche, los niños volverán a creer, y los adultos, aunque finjan dormir, también esperarán en silencio.
Porque mientras exista un niño que sueñe con los Reyes Magos, la magia seguirá recorriendo el mundo, incluso en la noche más larga de todas.
Por lo pronto Esta noche voy a bolear bien mis zapatitos a ver qué me dejan.
