Impunidad brutal: asesinan a interno en penal de Huejotzingo mientras autoridades encubren el crimen

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Por Chester Hernández 

La cárcel de Huejotzingo, bajo el control del gobierno municipal encabezado por Roberto Solís , se ha convertido en un campo de violencia impune y corrupción institucionalizada. El pasado lunes por la noche, Juan Carlos Estrada fue salvajemente asesinado por al menos veinte internos en la sala de dormitorios número uno, mientras los custodios observaban sin intervenir. La víctima, originaria de San Martín Texmelucan y procesada por robo calificado, fue atacada con extrema violencia hasta quedar inconsciente. Tres días después, falleció en la enfermería del penal a causa de las múltiples lesiones.

El crimen, lejos de generar una reacción inmediata de justicia, fue deliberadamente silenciado por las autoridades locales. Ninguno de los agresores ha sido detenido, y el Ayuntamiento de Huejotzingo ha guardado un sospechoso silencio, en complicidad con los custodios del penal. A pesar de que la familia de Juan Carlos ya fue notificada del fallecimiento, hasta ahora no se les ha ofrecido una explicación oficial ni se ha iniciado una investigación transparente.

Testimonios de otros internos, recabados por familiares, revelan una red de extorsión dentro de la prisión: un grupo de reos cobra cuotas de hasta cinco mil pesos a cambio de “protección”. Quienes no pagan, como aparentemente fue el caso de Juan Carlos, son golpeados brutalmente, muchas veces con el consentimiento —o la orden directa— del personal de seguridad.

Lo más grave: días antes del asesinato, los familiares del hoy occiso ya habían alertado a las autoridades municipales sobre las amenazas recibidas por el interno. Roberto Solís, lejos de actuar, optó por la indiferencia. Incluso tras el asesinato, intentó encubrir los hechos, lo que agrava su responsabilidad política y moral.

Gracias al valor de los familiares del fallecido, quienes decidieron romper el silencio, este crimen ha comenzado a salir a la luz pública. Sin embargo, la justicia aún está ausente. El penal de Huejotzingo hoy es sinónimo de terror, impunidad y abandono institucional.

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