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El incendio de la Catedral a plena noche exhibe el colapso de la seguridad municipal y la incapacidad del alcalde para gobernar Puebla
Por Chéster Hernández
La inseguridad que hoy consume a la capital poblana tiene un responsable claro y directo: el gobierno municipal encabezado por José “Pepe” Chedraui. Los hechos recientes no solo confirman el fracaso de su administración, sino que desmontan cualquier intento por desviar culpas hacia el ámbito estatal. La crisis de Puebla capital no es del gobernador Alejandro Armenta; es consecuencia de un Ayuntamiento rebasado, omiso e incapaz.
El incendio de la puerta de la Catedral, ocurrido a plena noche y frente al propio Palacio Municipal, es un hecho tan grave como simbólico. No sucedió en una zona marginada ni en un punto sin vigilancia, sino en el corazón político, histórico y turístico de la ciudad. Justo ahí donde se concentran cámaras de seguridad, patrullajes y uno de los presupuestos municipales más altos del estado. Y, aun así, nadie vio nada, nadie actuó y nadie respondió.
La pregunta es inevitable y cada vez más incómoda: ¿dónde estaban las cámaras de videovigilancia?, ¿dónde estaban los policías municipales?, ¿y en qué se está gastando el presupuesto destinado a la seguridad pública? El silencio oficial y la ausencia de resultados confirman que la estrategia municipal simplemente no existe o es una simulación.
Este ataque al patrimonio histórico no es un hecho aislado. Robos, asaltos, violencia cotidiana y una creciente sensación de abandono forman parte del día a día de los ciudadanos. La capital se ha convertido en un territorio donde la impunidad avanza sin freno, mientras el Ayuntamiento parece más concentrado en discursos, eventos y aspiraciones políticas que en garantizar la seguridad mínima de la población.
Resulta aún más grave que, ante este escenario, desde el gobierno municipal se intente diluir responsabilidades o insinuar fallas del gobierno estatal. La seguridad pública de la capital es una atribución directa del Ayuntamiento. Pretender cargarle esta crisis al gobernador Alejandro Armenta no solo es falso, sino políticamente irresponsable. El problema tiene nombre y apellido: Pepe Chedraui.
Si frente al Ayuntamiento, durante la noche y bajo supuesta vigilancia permanente, se puede incendiar la Catedral, el mensaje para la ciudadanía es devastador: nadie está a salvo. Y si el primer cuadro de la ciudad está desprotegido, las colonias periféricas quedan completamente a la deriva.
La ciudadanía no exige milagros, exige resultados. Exige policías que patrullen, cámaras que funcionen y autoridades que asuman su responsabilidad. Cada delito impune, cada omisión y cada excusa alimentan la percepción —ya convertida en certeza— de que Puebla capital vive sin una autoridad municipal efectiva.
La capital no está fallando por ausencia del gobierno estatal, está fallando por exceso de ineptitud municipal. Pepe Chedraui no fue rebasado por las circunstancias; fue rebasado por su propia incapacidad. Hoy Puebla paga el costo de un alcalde ausente, de una administración improvisada y de una seguridad pública colapsada.
La ciudad arde, y el responsable no está en Casa Aguayo: está en el Palacio Municipal.



