La delincuencia ha cobrado sangre joven

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Por Elizabeth Basilio
El gobierno de México, encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, está por cumplir cuatro años. Uno de los factores por el que se ha caracterizado su mandato ha sido por ser el más violento de la historia de México, a pesar de que nuestro presidente diga que los homicidios en el país van a la baja. En lo que va de este periodo se han registrado 121,655 homicidios dolosos y feminicidios, con lo que ya se superaron las 120,463 muertes violentas ocurridas durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa, cuando se dio inicio a la guerra contra el narcotráfico, y está a poco más de 34,000 de rebasar la violencia registrada de su antecesor Enrique Peña Nieto.
Ante los breves datos ya presentados y ante la realidad que vivimos los mexicanos día con día, podemos darnos cuenta de que este sexenio va a ser el más violento de la historia moderna de México. La magnífica estrategia de “abrazos, no balazos” ha resultado un fracaso, al igual que todo lo que el presidente ha hecho durante su mandato. Esta calamidad llamada crisis de inseguridad que se está apoderando de nuestro país golpea a jóvenes y estudiantes, pese a programas de AMLO, estrategias policiales y militares, como estrategia se optó por crear programas sociales para “atender las causas que originan la violencia”, que consisten en dotar de recursos económicos a niños y jóvenes, con la finalidad de que continúen sus estudios o puedan trabajar llamándolo “becarios, no sicarios”, pero los homicidios de niños y jóvenes siguen aumentando.
México vive una creciente ola de inseguridad en la que se han visto afectados todos los sectores del país, misma que ha ocasionado cierres de escuelas, de empresas, migración interna y externa, como también un reciente llamado enérgico de la iglesia mexicana a López Obrador para impulsar una política eficiente que cese la alza de homicidios dolosos, misma que se ha convertido en un enfrentamiento que rompe un lazo pacífico.
Esta crisis de inseguridad ha demostrado su afectación en la población más joven del territorio nacional: durante el 2019 y el 2020 ejecutaron a 28 niños y jóvenes por día, 40% de las víctimas de homicidios por armas de fuego. Conforme al análisis estadístico realizado por la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), de enero a junio de 2022 en el país fueron desaparecidos 2 mil 590 infantes y adolescentes entre 0 y 17 años de edad, mientras que de enero a mayo, mil 053 menores de edad fueron asesinados.
Recientemente, el caso de Alexis de Jesús Azamar, estudiante de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), que desapareció y fue encontrado sin vida despojado de uno de sus órganos luego de que lo recogiera una ambulancia sin registro. Otro caso de que la delincuencia se apodera también en los jóvenes se suscitó en una escuela en Michoacán, donde un niño de tercer grado habría ingresado a la escuela una navaja grande, “como de cazador”, con la que una niña de sexto grado presuntamente amenazó a otra de cuarto año sin que los maestros se dieran cuenta.
En la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramirez (FNERRR) nos hemos manifestado en contra de todos estos hechos, la delincuencia también ha afectado a nuestros compañeros, que lo único “mal” que han hecho es querer estudiar y luchar por sus derechos. Recientemente, el presidente López Obrador insistió en que hay un descenso en los homicidios, un logro que atribuyó a los programas para el bienestar. Entre ellos, la Beca Benito Juárez y Jóvenes Construyendo el Futuro, pero nosotros sostenemos que estos programas solo se han utilizado con un fin político, y es que los jóvenes que ya están en edad de votar se inclinen por su partido: estos programas sociales solo son la carnada para que su partido no pierda fuerza en ningún estado de la República.
A través de las redes sociales, los fenerianos también nos hemos manifestado, exigiendo al señor presidente López Obrador que en realidad frene la delincuencia y la pobreza que están consumiendo a la población, que su prioridad debe ser detener al narcotraficante y a todas las ramas de la delincuencia, no a los jóvenes estudiantes cuando salen a las calles a exigir sus derechos, nosotros no somos la mafia de México. La situación de nuestro país pide a gritos una estrategia eficaz y verídica que frene este mal.

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