La doble moral del Congreso poblano

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Por Chester Hernández
La diputada Delfina Pozos Vergara lanzó un llamado urgente al Congreso de Puebla para legislar con firmeza y evitar que candidatos con posibles vínculos criminales lleguen a ocupar cargos públicos, especialmente en los municipios. Su propuesta es válida, necesaria y oportuna en un estado que ha sido víctima del crimen organizado en diversas formas, desde el huachicoleo hasta la corrupción de cuello blanco. Sin embargo, lo que debería preocuparnos aún más es que ese Congreso que hoy se indigna, está plagado de silencios cómplices, omisiones sospechosas y una doble moral que apesta.

Es imposible ignorar la incongruencia de algunos legisladores que, mientras alzan la voz en tribuna, callan en casa. Hay diputados y diputadas que tienen vínculos familiares con personajes ligados al robo de combustible, que aparecen sonrientes en fotografías junto a líderes huachicoleros como “El Cachetes” y otros tantos delincuentes disfrazados de empresarios. ¿Cómo puede blindarse un municipio si los propios representantes del pueblo no pueden limpiar primero su entorno más cercano?

La legisladora Pozos Vergara no miente: es urgente cerrar las puertas a quienes pretenden usar el poder para proteger intereses criminales. Pero también es urgente que cada diputado revise su propia casa antes de exigir limpieza ajena. La transparencia no se predica, se practica.

Muchos en el Congreso son candil de la calle y oscuridad en su hogar. Les encanta hablar de ética, de valores, de legalidad, pero hacen la vista gorda cuando el delito duerme en la habitación de al lado. El Congreso de Puebla debe asumir su responsabilidad sin hipocresías, sin discursos vacíos y con el valor de mirar hacia adentro.

La exigencia de Pozos Vergara es el primer paso. El siguiente —y más difícil— es que todos los diputados tengan el valor de aplicar esa misma vara en sus círculos más cercanos. Porque de lo contrario, seguirán legislando entre sombras.

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