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Por Chester Hernández.
En Puebla, vivimos una peligrosa distorsión de lo que significa ser un luchador social. Ahora, cualquier persona que atente contra la ley, cierre carreteras, dañe propiedad privada o desafíe el orden público, se escuda en una supuesta causa social para justificar sus delitos. El caso de Renato Romero es un claro ejemplo de esta distorsión: un individuo que, bajo la bandera de defensor del agua, ha violentado el Estado de derecho con total descaro.
La legalidad no puede ser negociable. Nadie —ni políticos, ni activistas, ni presuntos líderes sociales— puede situarse por encima del imperio de la ley. Cuando el Estado permite que se libere a personas que han cometido actos ilegales con el pretexto de la protesta social, envía un mensaje equivocado: en Puebla se puede delinquir, siempre que se vista con los ropajes de la causa popular.
La defensa de Romero por parte de supuestos activistas afines a la llamada Cuarta Transformación es especialmente preocupante. Muchos de estos defensores viven del sistema, cobran de él, y al mismo tiempo lo desafían con discursos hipócritas. Dicen luchar por los derechos del pueblo, pero lo único que buscan es mantener sus cuotas de poder y protagonismo, incluso si eso implica justificar el delito. No defienden el agua; usan el agua como pretexto para alimentar su ego y capital político.
Dejar en libertad a Renato Romero no es un acto de justicia, es una claudicación del Estado frente al chantaje. Es abrirle la puerta a que cualquier grupo de presión tome las calles, cierre accesos, y violente los derechos de terceros, todo bajo la falsa narrativa del activismo. El derecho a la manifestación es legítimo, sí, pero sólo mientras no afecte a quienes no participan de ella. La libertad de uno termina donde empieza la del otro.
Hoy más que nunca, el gobierno del Estado debe actuar con firmeza. La ley no puede ser rehén de quienes confunden la protesta con el delito. Si permitimos que la impunidad se disfrace de lucha social, mañana estaremos gobernados no por leyes, sino por quienes griten más fuerte.



