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Por: Chester Hernández.
Quien no conoce la historia, está condenado a repetirla. Y quien la olvida selectivamente, pretende lavar culpas y disfrazarse de mártir. Tal parece que al líder moral de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes “28 de Octubre”, el célebre Rubén Sarabia —mejor conocido como “Simitrio”—, la memoria le falla convenientemente. Porque, mientras hoy esa agrupación se victimiza ante la opinión pública, la historia reciente y no tan reciente cuenta otra versión.
Basta con echar un vistazo al año 1989, cuando las autoridades realizaron un cateo en una de las bodegas de esta organización, encontrando indicios de actividades ilícitas. ¿Y qué decir del caso del empresario alemán secuestrado, en el que se vio involucrada esta agrupación? ¿Acaso el despojo de espacios públicos, los cobros de piso, las extorsiones y el control territorial disfrazado de lucha social ya no figuran en su memoria?
Hoy, con discursos adornados de lucha popular y demandas de justicia, la 28 de Octubre se lanza nuevamente a las calles. Pero no lo hace sola: la acompañan sus fieles acarreados, muchos de los cuales han participado en bloqueos, cierres de carreteras y actos de presión en los denominados “movimientos del agua”. Ahora, para dar mayor legitimidad a su protesta, se autodenominan “pueblos originarios”. ¿A quién quieren engañar?
Lo que realmente indigna es la doble moral. Mientras algunos de sus miembros se presentan como víctimas de represión, otros continúan operando en las sombras con el respaldo de su brazo ejecutor, el grupo de choque conocido como la “14 de Octubre”. Esta estructura paralela ha sido señalada por diversos actos de intimidación y violencia.
Y es que el control del comercio informal en Puebla no solo representa poder político, sino un jugoso negocio que, al parecer, ya tiene herederos. Los hijos del líder buscan perpetuar el dominio de su dinastía en nombre de una supuesta causa social.
La pregunta es clara: ¿con qué calidad moral pueden exigir justicia quienes han pisoteado la ley durante décadas? Los poblanos merecen saber toda la verdad, no solo la que conviene a los caudillos de siempre.

