¿Quién protegió a “Los González”? Las sombras del Barbosismo y el silencio oficial

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Por Chéster Hernández
La reciente captura de José Gonzalo N, señalado como presunto líder de la banda criminal “Los González”, detonó un amplio operativo de seguridad para localizar a otros integrantes de este grupo considerado de alta peligrosidad. Sin embargo, más allá del despliegue policial, la detención abre una pregunta incómoda que las autoridades no han querido responder con claridad: ¿quién protegió durante años a “Los González”?
Durante el gobierno de Miguel Barbosa Huerta, diversas propiedades vinculadas a esta banda criminal aparecían con bardas pintadas con la leyenda “Julio Huerta Gobernador”, una consigna política que no puede ni debe pasar como una simple coincidencia. En un estado donde el crimen organizado no se mueve sin protección institucional, esos mensajes hoy adquieren un peso político y judicial que exige explicaciones.
No se trataba de rumores aislados. En distintos círculos locales era un secreto a voces que los integrantes de “Los González” se movían con total impunidad, ostentando poder económico, armamento y relaciones políticas. La pregunta es obligada: ¿cómo operaba una banda criminal de ese nivel sin ser molestada durante años? ¿Quién les brindó cobertura? ¿Quién volteó la mirada?
A esto se suma un señalamiento aún más delicado. Diversos testimonios apuntan a que miembros de “Los González” mantenían una relación cercana con los hijos del presidente municipal Mario de la Rosa, con quienes presuntamente se les veía de manera constante. Si las investigaciones confirman estos vínculos, no se estaría hablando solo de omisiones, sino de posible complicidad.
La captura de un líder criminal no puede convertirse en un simple trofeo mediático. La sociedad exige que las investigaciones avancen hacia arriba, no solo hacia los eslabones más visibles del crimen. Si hubo protección política, debe exhibirse; si existieron redes de complicidad desde el poder municipal o estatal, deben romperse sin contemplaciones.
El combate real al crimen organizado no se mide por operativos espectaculares, sino por la voluntad de investigar a quienes, desde el poder, permitieron, encubrieron o se beneficiaron de estas estructuras criminales. Hoy, la detención de José Gonzalo N no cierra un capítulo: apenas lo abre.
El silencio oficial ya no es una opción. Puebla merece saber la verdad, caiga quien caiga.

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