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Por Chester Hernández.
En Puebla, el sistema educativo enfrenta una creciente crisis de corresponsabilidad. Mientras los maestros se esfuerzan por enseñar en aulas saturadas y con recursos limitados, muchos padres de familia optan por delegar en la escuela funciones que les corresponden en el hogar. Este fenómeno no solo es injusto, sino que pone en riesgo el desarrollo integral de los niños y adolescentes.
La Ley de Educación del Estado de Puebla establece claramente que la educación es un proceso compartido entre la familia y la escuela. Sin embargo, en la práctica, muchos tutores se limitan a enviar a sus hijos al plantel sin supervisar su desempeño, comportamiento o bienestar emocional. Un claro ejemplo de esta omisión es la falta de revisión de las mochilas escolares. Este acto, aparentemente simple, es esencial para garantizar que los estudiantes no lleven objetos peligrosos o inapropiados al aula. Sin embargo, es común que los padres no se tomen el tiempo para verificar el contenido de las mochilas, delegando esta responsabilidad únicamente en los docentes.
El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, ha enfatizado en diversas ocasiones la importancia de la familia en la educación de los niños. En una de sus intervenciones, señaló que “el tema de la violencia nace en la casa, ahí. Y las familias tenemos la obligación de atenderlo. Y se reproduce en las escuelas”. Estas palabras subrayan la necesidad de que los padres asuman un papel activo en la formación de sus hijos, más allá de simplemente enviarlos a la escuela.
Además, Armenta ha destacado que la educación es el medio para que niñas y niños logren materializar sus sueños y ha subrayado la importancia de apoyar los espacios educativos, respaldar a las y los maestros y atender las necesidades de la comunidad escolar. Sin embargo, esta visión se ve comprometida cuando los padres no cumplen con su parte, delegando responsabilidades que les corresponden.
La revisión de mochilas no debe ser vista como un deber exclusivo de los maestros. Es una medida preventiva que debe iniciar en casa, cada mañana, antes de que el alumno pise la escuela. Si los padres no revisan mochilas, no saben con quiénes se relacionan sus hijos ni qué contenido consumen, ¿Cómo pueden esperar que todo lo resuelva la institución escolar?
La solución no está en imponer a los maestros una función que no les corresponde, sino en exigir a los padres que cumplan con su deber. Educar no es un servicio externo: es un compromiso diario, personal e irrenunciable.
