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Por Chester Hernández.
Tehuacán, Puebla – En la madrugada de este jueves, la justicia volvió a ser tomada por mano propia en un municipio que cada vez parece más lejos del orden y del Estado de derecho. Una turba de vecinos incendió una vivienda y un vehículo en la colonia Nicolás Bravo, señalando a los ocupantes como responsables de agredir a Misael, un joven vendedor de cocos en la vía pública.
Desde la mañana del miércoles, los ánimos estaban caldeados. Vendedores ambulantes se manifestaron en distintas calles del centro de Tehuacán, cansados del acoso, la violencia y el nulo respaldo del gobierno municipal. Nadie los escuchó. Ni una declaración, ni un operativo. Solo silencio desde la presidencia que encabeza Alejandro Barroso Chávez.
Horas más tarde, la furia ciudadana estalló. Al no obtener respuesta, los vecinos decidieron actuar. Rodearon una casa señalada como refugio de los agresores Julio flores y su hijo Gerson flores y prendieron fuego al inmueble y a un vehículo estacionado. Dentro, una mujer estuvo a punto de ser linchada. Como ya es costumbre, la policía municipal llegó tarde, solo para “rescatar” a la víctima del momento, cuando ya todo estaba consumado por las llamas.
Tehuacán vive sin ley. La violencia manda, la impunidad reina, y el gobierno local parece más un espectador que una autoridad. Mientras los ciudadanos claman por justicia, Alejandro Barroso guarda silencio, como si su papel no fuera gobernar, sino encubrir. ¿Hasta cuándo?



