Washington presiona a Cuba con el fin del apoyo petrolero y financiero de Venezuela; La Habana responde con firmeza.

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El presidente de Estados Unidos declaró el domingo que Cuba dejará de recibir petróleo y recursos financieros provenientes de Venezuela, y planteó que la isla debería entablar negociaciones con Washington. Esta postura incrementó la presión sobre uno de los históricos adversarios de Estados Unidos y generó una respuesta desafiante por parte de los dirigentes comunistas cubanos.

Venezuela es el principal abastecedor de crudo de Cuba; sin embargo, desde la detención del mandatario venezolano destituido, Nicolás Maduro, a principios de enero, no se han registrado envíos de petróleo desde puertos venezolanos hacia la nación caribeña. Esto ocurre en el contexto de un severo bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos al país sudamericano, miembro de la OPEP, de acuerdo con datos de tráfico marítimo.

Paralelamente, Caracas y Washington avanzan en la negociación de un acuerdo valuado en dos mil millones de dólares para el suministro de hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano a Estados Unidos. Los ingresos derivados de esta operación serían depositados en cuentas bajo la supervisión del Departamento del Tesoro estadounidense, lo que representa una prueba relevante del fortalecimiento de la relación entre Trump y la presidenta interina Delcy Rodríguez. Altos funcionarios del gobierno de Trump, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, han manifestado abiertamente su expectativa de que la reciente intervención estadounidense en Venezuela pueda empujar a Cuba a una situación crítica.

En las últimas semanas, las autoridades en Washington han endurecido su discurso contra la isla, pese a que las tensiones entre ambos países se remontan a la Revolución de 1959 encabezada por el ex líder Fidel Castro. Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó el domingo en una publicación en X que Cuba tiene el derecho de importar combustible de cualquier nación dispuesta a exportarlo. Asimismo, rechazó que la isla haya recibido compensaciones financieras o de otro tipo a cambio de servicios de seguridad brindados a algún país.

Cuba depende del petróleo y los combustibles importados —principalmente desde Venezuela y México, y en menor medida adquiridos en el mercado internacional— para mantener en operación sus plantas generadoras de energía y el transporte. En los últimos años, la reducción de la capacidad de refinación ha provocado una caída en los envíos venezolanos hacia la isla. Aun así, el país sudamericano continúa siendo el mayor proveedor, con alrededor de 26 mil 500 barriles diarios exportados el año pasado, según datos de seguimiento de buques y documentos internos de la estatal PDVSA, volumen que cubrió cerca del 50 por ciento del déficit energético cubano.

Alberto Jiménez, comerciante de productos agrícolas en La Habana, aseguró que Cuba no cederá ante las advertencias de Trump. “Eso no me preocupa en absoluto. El pueblo cubano está preparado para cualquier escenario”, afirmó el vendedor de 45 años.

Para muchos cubanos resulta difícil imaginar una situación más adversa. El gobierno enfrenta serias complicaciones para sostener el suministro eléctrico, y gran parte de la población pasa varias horas al día sin luz. Incluso La Habana ha visto paralizada su actividad económica debido a apagones prolongados.

La falta de alimentos, combustible y medicinas ha incrementado la inquietud social y ha impulsado un éxodo sin precedentes en los últimos cinco años, principalmente hacia Estados Unidos. En semanas recientes, México ha surgido como una alternativa relevante para el suministro de petróleo a la isla, aunque los volúmenes continúan siendo limitados, según registros de transporte marítimo.

La presidenta Claudia Sheinbaum señaló la semana pasada que México no ha incrementado los envíos, pero reconoció que, ante los recientes acontecimientos políticos en Venezuela, su país se ha convertido en un “proveedor significativo” de crudo para Cuba.

Informes de inteligencia estadounidense han descrito un panorama complejo de la situación económica y política cubana; no obstante, dichas evaluaciones no respaldan de forma concluyente la afirmación de Trump de que la isla está “al borde del colapso”, reportó Reuters el sábado, citando a tres fuentes conocedoras de los análisis confidenciales. La CIA considera que sectores estratégicos de la economía cubana, como la agricultura y el turismo, se han visto severamente afectados por apagones recurrentes, sanciones comerciales y otros factores. La eventual pérdida del petróleo y del respaldo venezolano, aliado histórico durante décadas, podría complicar la gobernabilidad del presidente Miguel Díaz-Canel.

María Elena Sabina, una habanera de 58 años nacida poco después de la llegada al poder de Castro, expresó que es momento de que los líderes cubanos impulsen cambios frente al sufrimiento que atraviesa la población.

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