Zacatlán: el legado de corrupción que nadie quiere investigar

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Por Chester Hernández.
Zacatlán, Pue.— Hablar de Zacatlán ya no es hablar de turismo, manzanas o relojes florales. Es hablar de una corrupción enquistada desde hace décadas, encabezada por personajes que han convertido al municipio en una propiedad privada, donde la rendición de cuentas brilla por su ausencia. Uno de los nombres que resume esta decadencia institucional es el de José Luis Márquez Martínez.

Desde su primera gestión como presidente municipal, Márquez arrastró escándalos y omisiones. Uno de los más representativos es el caso del terreno que albergaba el antiguo relleno sanitario: un predio que fue utilizado por el municipio sin haber sido pagado legalmente. Los propietarios originales nunca recibieron el pago correspondiente, pero el gobierno de Márquez operó como si la tierra le perteneciera. Hasta hoy, nadie ha respondido por ese despojo.

Este priísta de vieja escuela ha sabido reinventarse con habilidad. Se ha camuflado en distintos colores partidistas, lo mismo en gobiernos panistas que en administraciones morenistas. Su habilidad no está en el servicio público, sino en mantenerse siempre cerca del poder, sin importar quién lo ejerza.

Bajo su sombra, Zacatlán se convirtió en un municipio donde la transparencia es un adorno legal. Las solicitudes de información son ignoradas o desviadas, los procesos de contratación siguen siendo opacos y la ciudadanía es tratada como un obstáculo más que como una prioridad. Mientras tanto, obras inconclusas, empresas fantasma y licitaciones simuladas siguen saliendo a la luz.

Peor aún, la policía municipal —la que debería dar confianza y seguridad— no cuenta con la certificación CUP (Certificado Único Policial), requisito indispensable para ejercer funciones de seguridad pública en México. Es decir, los encargados de proteger a la ciudadanía ni siquiera cumplen con los estándares mínimos de evaluación y confianza.

Hoy, el municipio continúa administrado por funcionarios más interesados en encubrir que en corregir. La herencia política de Márquez no solo permanece intacta, sino protegida por estructuras complacientes y por una cultura de impunidad que impide cualquier intento serio de fiscalización.

Zacatlán merece una revisión profunda, una auditoría real y una ciudadanía que no se conforme con discursos vacíos. Porque mientras no se rompa con estos vicios de poder, seguirá oliendo más a corrupción que a manzana.

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