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Por Chester Hernández
San Martín Texmelucan, Pue. – En un país donde los principios de la Cuarta Transformación —no robar, no mentir y no traicionar— se presumen como guía moral del servicio público, la administración de Juan Manuel Alonso en San Martín Texmelucan parece haberlos olvidado o, peor aún, pisoteado deliberadamente.
Lejos de encabezar un gobierno basado en la honestidad y la transparencia, el presidente municipal ha construido una administración sustentada en relaciones personales, donde familiares, amigos y cómplices políticos ocupan cargos clave sin mérito, sin trayectoria, pero con vínculos convenientes.
Desde una lectura psicológica, lo que ocurre en el Ayuntamiento de San Martín Texmelucan es la expresión de un poder emocional y profundamente disfuncional, donde la toma de decisiones no responde al interés común, sino a la necesidad de mantener contento a un círculo íntimo. Se gobierna desde el afecto personal, no desde la ética pública.
El caso más evidente es el de Silvia Abad Calderón, actual regidora de Hacienda Pública Municipal, quien percibe un salario de $60,046.08 mensuales. Su esposo, Noé de Jesús Ramírez, ex presidente auxiliar de San Francisco Tepeyecac y amigo cercano del alcalde, ocupa ahora la Secretaría de Grupos Vulnerables con un sueldo de $50,403.22 al mes. En total, esta pareja extrae más de $110 mil pesos mensuales del erario. ¿Su único mérito? La cercanía con el poder.
Esto no solo es nepotismo; es una traición directa a los principios que la 4T ha prometido defender. A pesar de que la presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado públicamente este tipo de prácticas como actos de corrupción y tráfico de influencias, en Texmelucan la impunidad es la norma. Nadie rinde cuentas. Nadie corrige. Nadie se responsabiliza.
Decir que este comportamiento viola el principio de no robar es apenas el comienzo. También se miente al pueblo cuando se presenta este gobierno como parte de un proyecto de transformación. Y, peor aún, se traiciona a la ciudadanía que votó esperando un cambio real, no una red de favoritismos familiares.
Lo peligroso no es solo que esto ocurra, sino que se normalice. Cuando el ciudadano ve que los cargos se reparten como premios entre allegados, que el presupuesto sirve para sostener nóminas familiares y que los servicios públicos se deterioran mientras los sueldos de los funcionarios aumentan, se pierde no solo la confianza, sino también la esperanza.
Juan Manuel Alonso ha elegido gobernar como si el Ayuntamiento fuera una empresa familiar. Pero el poder público no es un negocio privado. Si no rectifica, su legado no será el de un líder transformador, sino el de un gestor de intereses personales que convirtió la Presidencia Municipal en un refugio para los suyos.
San Martín Texmelucan merece algo mejor que una administración que roba confianza, miente al pueblo y traiciona el mandato.
Y la pregunta es: ¿dónde está la Auditoría Superior del Estado?
Porque si lo que ocurre en Texmelucan no levanta ninguna alarma, entonces el problema ya no es solo el alcalde… sino todo un sistema que se hace de la vista gorda.