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Por Chéster Hernández
Mientras las lluvias no cesan y las aguas arrasan con caminos, viviendas y esperanzas en la Sierra Norte de Puebla, nuestros diputados —los mismos que pidieron el voto puerta por puerta hace apenas unos meses— brillan por su ausencia. La emergencia es real, la gente está perdiéndolo todo, y sin embargo, los representantes populares parecen más ocupados en organizar eventos para “rendir informes” y tomarse la foto que en atender a los ciudadanos que los llevaron al cargo.
Es inaceptable que en plena crisis, cuando decenas de comunidades serranas están incomunicadas, con deslaves, casas anegadas y familias desesperadas, no se vea ni una sola cara legislativa en la zona. ¿Dónde están? ¿Por qué no están aquí, caminando el lodo con su gente, como lo hicieron en campaña? ¿O es que sólo se ensucian los zapatos cuando hay cámaras?
Resulta irónico —y hasta insultante— ver a varios diputados presumir en redes sociales sus actos protocolarios, sus discursos vacíos y sus promesas recicladas, mientras en la sierra los habitantes claman ayuda urgente: comida, agua potable, brigadas médicas, maquinaria para despejar caminos. La desconexión entre los representantes y sus representados es abismal, dolorosa y, en este momento, criminal.
En contraste, quien sí ha dado la cara —y el paso— es el gobernador del estado, Alejandro Armenta, quien ha recorrido personalmente las zonas afectadas, supervisando trabajos de rescate y asistencia. Más allá de posturas partidistas, el mandatario ha mostrado lo mínimo que se espera de una autoridad: presencia y compromiso. Armenta se ha ensuciado los zapatos y enfrentado la realidad en el terreno, mientras los diputados se esconden en sus oficinas o detrás de un micrófono.
La Sierra Norte no necesita discursos, necesita acciones. No necesita aplausos en auditorios, necesita manos solidarias en el terreno. Los ciudadanos no olvidarán quién estuvo cuando más se les necesitó… y quién prefirió quedarse cómodo, esperando que el agua bajara sola.
Porque cuando el pueblo se inunda y los legisladores se esconden, no sólo fallan como servidores públicos. Fallan como seres humanos.
