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Por Chester Hernández
La ofensiva política y mediática emprendida desde sectores extranjeros y grupos de ultraderecha contra la presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, así como contra varios gobernadores entré ellos de Puebla que son afines al proyecto de transformación nacional, comienza a recordar episodios oscuros de la historia latinoamericana que muchos creían superados.
Las campañas de desprestigio, la presión diplomática, la manipulación informativa y la constante narrativa de crisis no son hechos aislados. Forman parte de una estrategia sistemática que evoca inevitablemente al llamado Operación Cóndor, aquel mecanismo de persecución y terrorismo de Estado impulsado en América Latina durante la década de los setenta bajo el amparo de intereses geopolíticos extranjeros.
El llamado Plan Cóndor, implementado formalmente a partir de 1975, operó mediante la coordinación de gobiernos militares y agencias de inteligencia para sofocar movimientos populares, gobiernos progresistas y cualquier intento de soberanía regional. Detrás de aquella maquinaria de represión se encontraba la influencia de la Doctrina Nixon y la intervención de la llamada Escuela de las Américas, señalada históricamente por formar cuadros militares involucrados en tortura, desapariciones forzadas y golpes de Estado.
Hoy, aunque los métodos han evolucionado, el objetivo parece similar: debilitar a gobiernos que no se subordinan plenamente a intereses económicos y políticos externos. En el caso de México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido una agenda enfocada en fortalecer la soberanía energética, ampliar programas sociales, combatir privilegios fiscales y consolidar proyectos estratégicos de infraestructura. Estas acciones han generado resistencia tanto dentro como fuera del país.
No resulta casual que, desde ciertos sectores conservadores internacionales y partidos de ultraderecha, se intente construir una imagen de ingobernabilidad y confrontación permanente. Tampoco es coincidencia que algunos medios y actores políticos busquen desacreditar cualquier avance de la actual administración mientras guardan silencio ante décadas de corrupción, saqueo y violencia heredadas por gobiernos neoliberales.
La historia demuestra que cuando América Latina intenta caminar con autonomía, surgen campañas de presión política, económica y mediática disfrazadas de defensa democrática. México no puede ignorar esas lecciones históricas.
Más allá de las diferencias ideológicas, el país enfrenta un momento decisivo donde la estabilidad democrática debe prevalecer sobre intereses facciosos o injerencias externas. La crítica legítima es indispensable en toda democracia; sin embargo, la desinformación organizada y los intentos de desestabilización representan un riesgo que la sociedad mexicana no debe minimizar.
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta hoy no solo el desafío de gobernar, sino también el de resistir una embestida política que, para muchos analistas, comienza a reflejar patrones preocupantemente similares a los utilizados en otros periodos de intervención y confrontación en América Latina.
