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Aún sin haber sido inaugurado oficialmente el Hospital General Regional número 36 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), conocido como “San Alejandro”, sus alrededores se han convertido en zona de disputa entre comerciantes establecidos y vendedores ambulantes.
En las últimas semanas, integrantes de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes “28 de Octubre” se han instalado en los alrededores del recién rehabilitado complejo hospitalario, desatando el descontento de los negocios formales que llevan años, incluso décadas, resistiendo a las bajas ventas derivado del cierre del hospital y la pandemia de Covid-19. Cuando esperaban una reactivación económica, pausada durante casi ocho años, se han desilusionado al observar la competencia desleal que representan dichos comerciantes.
Lo anterior porque los vendedores ambulantes no deben pagar la renta de un local, las tarifas de diversos servicios (electricidad, internet, agua potable), así como el trámite de licencias o permisos para operar su negocio. Por el contrario, dependen de un pago único a la organización que representan, que los respalda ante la autoridad local.
Los locatarios advirtieron que, mucho antes de que el hospital abra sus puertas, la zona ya fue dominada por el ambulantaje. Apenas un mes atrás, relataron, llegaron los primeros vendedores, eran pocos, pero con ello bastó para que se percataran que la dinámica comercial del lugar cambiaría. Ahora, la avenida 10 Poniente y la calle 29 Norte, ubicadas al frente y al costado del IMSS, lucen ocupadas por puestos y carros de comida rápida.
Sergio Téllez, propietario de un local de comida con 50 años de antigüedad, aseguró que la instalación progresiva de ambulantes representa un problema que los afecta de igual forma que la pandemia de Covid-19 y la caída de las ventas tras las afectaciones que sufrió el hospital en el sismo de 2017.
Lo anterior porque los ambulantes no tuvieron que resistir a las bajas ventas mientras debían cumplir con el pago de una renta o salarios, como lo hicieron los pocos negocios formales de alimentos que rodean el hospital, sino que esperaron a que la zona se reactivara económicamente para instalarse, sin tener que pagar permisos, rentas o servicios.
Nosotros estamos establecidos con permisos que cuesta mucho tramitar (…) el ayuntamiento (de Puebla) debe poner cartas en el asunto, tienen que someter a la 28 de Octubre, porque esto se está convirtiendo en un cáncerexpuso
Su postura es replicada por María Luisa, también vendedora de comida en la zona con 16 años de antigüedad. Ella señala que la desigualdad entre ambos sectores es evidente en las ganancias que reciben a diario, debido a que, aunque atiendan al mismo número de clientes, a ello debe restarle impuestos.
Ahora que está por abrir el hospital vienen varios ambulantes porque piensan que se va a vender bastante, pero la realidad es que están mermadas las ganancias, con el pago de la renta, la luz, apenas sale lo del díamencionó.
Asimismo, la comerciante explicó que los vendedores informales operan sin cumplir los mismos requisitos que el comercio formal, aunado a que no corren el riesgo de ser multados o clausurados por la autoridad local al pertenecer a dicha organización que, desde su punto de vista, se ha impuesto al ayuntamiento. Pese a ello, María Luisa aseguró que no busca que los ambulantes sean retirados, sino que se regule su presencia. “No pedimos que los quiten, todos tenemos la misma necesidad de trabajar, pero podrían ubicarlos en otras zonas y con las mismas reglas que nosotros”, subrayó.
En la misma zona está por arrancar un programa de parquímetros que ha anunciado su próxima puesta en marcha en distintas calles, excepto en la que están instalados la mayoría de vendedores ambulantes: la 29 Norte. Para Eduardo Flores, dueño de un local de comida corrida con 10 años de servicio, esto no solo representa otra desigualdad entre ambos sectores, sino que también da un mensaje de permisividad por parte de la autoridad local al comercio informal.
“La zona se murió cuando no había hospital, no se acercaba ningún ambulante, y ahora estamos llenos de ellos (…) con el programa de parquímetros, curiosamente la única calle que no tiene cajones de estacionamiento marcados es la misma donde están instalados los ambulantes, es algo muy raro”, dijo al observar que, justo frente a su negocio hay una fila de al menos siete vendedores informales.
Ante la permisividad de operación que tienen los ambulantes, los comerciantes establecidos han propuesto ofertas o beneficios que atraigan a nuevos clientes y permitan la permanencia de antiguos consumidores. Por ejemplo, Eduardo Flores presume la higiene en la preparación de los alimentos que vende, así como los precios accesibles, en tanto que María Luisa ha optado por no subir los precios de sus productos pese al alza en los insumos.
Por su parte, la propietaria de uno de los comercios más recientes en la zona, Daniela Sánchez, con apenas 1 año de antigüedad, ofrece una tarjeta con beneficios que premia la fidelidad de sus clientes, ya que, por cada 10 consumos en su local, regala una comida. Con esta moderna estrategia, y organizando eventos en su local, trata de no perder clientes ante la llegada de más ambulantes.
Al igual que María Luisa, Daniela opinó que es prematura la llegada de diversos ambulantes, sin que antes se haya inaugurado el hospital y reactivado la actividad comercial de la zona, debido a que, ni los antiguos locatarios pueden presumir de altas ventas con la poca actividad que ya se observa al interior del complejo hospitalario.
A pocos días o semanas de la inauguración del hospital, la incertidumbre domina entre los comerciantes. Temen que, una vez abierto, el flujo de pacientes y visitantes incremente la cantidad de vendedores informales y, lejos de mejorar sus ingresos, termine por crear un caos en las calles.