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Por Chéster Hernández
El gobernador Alejandro Armenta ha sido enfático y constante en su llamado a los 217 presidentes municipales para mejorar la limpieza y la imagen del estado. No se trata de un exhorto menor, sino de una directriz clara que busca dignificar a Puebla, especialmente en sus accesos y salidas hacia entidades vecinas. Su insistencia refleja una visión de orden, responsabilidad y compromiso con la ciudadanía que contrasta con la falta de შედეგados visibles en varios municipios.
Mientras desde el Ejecutivo estatal se impulsa una agenda de mejora urbana, en la capital poblana la realidad cuenta otra historia. La gestión del alcalde José “Pepe” Chedraui enfrenta cuestionamientos crecientes. Calles descuidadas, parques en abandono y un sistema de alumbrado deficiente evidencian una falta de atención a las necesidades básicas de la población. La distancia entre el discurso oficial y las condiciones reales de la ciudad es cada vez más evidente.
A ello se suma la opacidad en el manejo de recursos públicos. Persisten dudas legítimas sobre el destino del dinero recaudado por parquímetros, giros comerciales y otros impuestos municipales. La falta de transparencia debilita la confianza ciudadana y deja la impresión de una administración que recauda, pero no responde con resultados tangibles.
El ambulantaje es otro foco rojo. Lejos de implementarse una estrategia firme para su regulación, su crecimiento parece tolerado e incluso funcional para ciertos intereses. La expansión del comercio informal en zonas estratégicas afecta la movilidad, la imagen urbana y al comercio establecido. Además, la percepción de cercanía o complacencia con grupos como la organización 28 de Octubre y Antorcha Campesina agrava el problema y cuestiona la imparcialidad de la autoridad municipal.
En materia de seguridad, la situación tampoco es alentadora. La ciudadanía percibe un entorno cada vez más inseguro, mientras que la profesionalización policial sigue siendo una tarea pendiente. No basta con evaluaciones de control y confianza; es indispensable que los elementos cuenten con certificaciones completas que garanticen su preparación y desempeño. La falta de policías plenamente certificados representa un riesgo latente.
El liderazgo del gobernador Alejandro Armenta marca una ruta clara: orden, limpieza y rendición de cuentas. Sin embargo, ese esfuerzo requiere ser acompañado por autoridades municipales que estén a la altura del desafío. Puebla no puede avanzar con llamados ignorados ni con administraciones rebasadas. La transformación del estado depende, en gran medida, de que cada nivel de gobierno asuma su responsabilidad y actúe en consecuencia.