El helicóptero de ayer y la hipocresía de hoy

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Por Chester Hernández

Durante los sexenios panistas, el helicóptero oficial fue utilizado como si se tratara de un taxi aéreo exclusivo para la élite del poder. Nadie cuestionaba, nadie investigaba y mucho menos aparecían los supuestos “periodistas independientes” exigiendo transparencia con la agresividad que hoy muestran contra el gobernador Alejandro Armenta.
Personajes ligados al Partido Acción Nacional hicieron uso constante de la aeronave oficial y, en aquel entonces, los medios guardaban un silencio absoluto. Pablo Rodríguez Regordosa, Cabalán Macari y Javier Lozano forman parte de esa lista de políticos que gozaron de privilegios sin enfrentar campañas de desprestigio ni linchamientos mediáticos.
El caso más recordado fue el de Javier Lozano, quien incluso solicitaba el helicóptero para trasladarse a la Ciudad de México y descender en Reforma 222, en pleno corazón financiero y político del país. Sin embargo, en esos tiempos ningún comunicador levantaba la voz, ningún portal digital publicaba escándalos y ningún “analista” exigía rendición de cuentas. La pregunta es inevitable: ¿era por miedo o por conveniencia?
Hoy el escenario cambió. El gobernador Armenta utiliza la aeronave oficial para recorrer los 217 municipios del estado, supervisar obras, atender problemas de seguridad y mantener presencia en las regiones más alejadas. Pero ahora sí aparecieron los llamados “rottweilers mediáticos”, operadores disfrazados de periodistas que buscan golpear políticamente cada movimiento del gobierno estatal.
Resulta curioso que muchos de los medios que hoy encabezan ataques permanentes presuman independencia mientras mantienen estructuras costosas de operación. Porque sostener un medio de comunicación no es gratis. Hay que pagar internet, renta, electricidad, gasolina, cámaras, teléfonos, combustible y traslados. Entonces surge una pregunta que hasta hoy nadie ha querido responder con claridad: ¿quién financia realmente esas plataformas?
Muchos de esos portales y páginas digitales sobreviven con recursos de origen desconocido, pero se presentan ante la sociedad como defensores de la verdad. La realidad es que varios funcionan como instrumentos de presión política y chantaje disfrazados de periodismo crítico.
La exigencia de transparencia debe ser pareja y no selectiva. Si ayer callaron frente a los abusos del poder panista y hoy se escandalizan por el uso institucional de una aeronave, entonces no estamos frente a un ejercicio periodístico honesto, sino ante una campaña de desgaste político con claros intereses detrás.

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