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Así lo dice La Mont
Un objetivo: La acelerada metamorfosis de las metrópolis contemporáneas exige una reformulación de sus prioridades estructurales. En un planeta donde más de la mitad de la población mundial reside en entornos urbanos, las ciudades ya no pueden ser entendidas únicamente como nodos de intercambio económico o infraestructura de concreto; deben transformarse en espacios diseñados para sostener la vida. Bajo esta premisa, la Ciudad de México consolida un liderazgo de vanguardia a nivel internacional tras su exitosa participación en el 13° Foro Urbano Mundial de ONU-Habitat. El reconocimiento global al modelo de «Ciudades Cuidadoras», impulsado por Clara Brugada, no solo validó una política pública local de profundas raíces sociales, sino que culminó con un hito histórico: la entrega oficial de la estafeta que acredita a la capital mexicana como la sede de este prestigiado encuentro global para el año 2028. Este logro posiciona a nuestra CDMX en el epicentro del debate internacional sobre el desarrollo metropolitano sostenible y con perspectiva de género. El éxito de este modelo radica en su capacidad para materializar las utopías urbanas a través del tejido legislativo. Previamente a esta Cumbre Urbana global la 3 legislatura de la Ciudad de México aprobó la Ley del Sistema Público de Cuidados, un paso fundamental para transitar de la buena voluntad política a la obligatoriedad jurídica. Esta coincidencia en la urgencia de rediseñar las ciudades no es un fenómeno aislado de Occidente. El Jefe del Poder Ejecutivo de Bakú, Eldar Azizov, una figura clave en los megaproyectos y en la impresionante transformación urbana de la capital de Azerbaiyán, así como de la histórica ciudad de Ganja, manifestó un marcado interés en este sistema público de cuidados. La convergencia entre realidades geográficas y culturales tan distantes como Bakú y la Ciudad de México demuestra que el reto de gestionar metrópolis donde la densidad poblacional desafía la cohesión social es universal, y que las soluciones deben centrarse en el bienestar común.
Desafío: Ante este panorama global, la importancia de fortalecer la cooperación internacional en temas urbanos y sociales se vuelve un imperativo categórico por lo que el intercambio de experiencias exitosas y el multilateralismo activo permiten a los gobiernos locales acortar curvas de aprendizaje y adoptar mejores prácticas adaptadas a sus propios contextos. Los desafíos de la vivienda digna, la movilidad sustentable y la equidad social no respetan fronteras por lo que cuando ciudades de distintas latitudes colaboran, se crean redes de resiliencia capaces de enfrentar crisis climáticas y demográficas. La diplomacia urbana, o paradiplomacia, se consolida así como la herramienta más eficaz para que los gobiernos subnacionales diseñen estrategias conjuntas que pongan al ser humano en el centro de las agendas globales, garantizando que el crecimiento económico no sacrifique la justicia social. Construir un Sistema Público de Cuidados no debe ser visto como una dádiva gubernamental o un programa asistencialista temporal, sino como una obligación ineludible de los Estados y sus administraciones locales. Históricamente, las tareas de cuidado recayeron de manera desproporcionad sobre los hombros de las mujeres, limitando su desarrollo profesional, económico y personal. Al asumir esta responsabilidad como una carga pública y colectiva, el gobierno interviene de forma directa en la reducción de las brechas de género y de clase. Financiar y estructurar el cuidado desde el ámbito público es un acto de justicia distributiva y un pilar esencial para la sostenibilidad democrática de cualquier sociedad moderna.

Curso: La viabilidad de este enfoque se demuestra en el territorio mediante infraestructuras comunitarias sumamente específicas y articuladas. El corazón de este sistema se materializa en la creación de Centros de Cuidado Infantil de alta calidad, que garantizan el desarrollo integral de las infancias mientras sus tutores trabajan. Se complementa de manera vital con los Comedores Comunitarios, que aseguran la seguridad alimentaria y fomentan el tejido social en las zonas de mayor vulnerabilidad. Asimismo, la instrumentación de la casa de día y los espacios de atención especializada para adultos mayores dignifican la vejez, ofreciendo entornos de recreación, salud y convivencia que previenen el aislamiento. Estas redes de infraestructura social transforman el espacio público en un hogar extendido, demostrando que una ciudad que cuida a sus habitantes más vulnerables es, en última instancia, una ciudad con futuro.

